lunes, 21 de enero de 2008

CINE INÉDITO: MEAN CREEK * * * 1/2

Las referencias más claras de un filme como Mean Creek (E.U., 2004), se pueden encontrar en ese relato clave de adolescentes de los 1980, que de alguna manera marcó a las generaciones de aquella época: Stand By Me (Reiner, 1986), historia sobre la travesía existencial-emocional-morbosa, que un grupo de adolescentes emprendía para encontrar el cadáver de un muchacho atropellado por un tren.

Partiendo de una premisa similar, el joven cineasta Jacob Aaron Estes da forma a un pequeño pero contundente relato, que se presenta como un acercamiento de corte realista al rostro más gris y desolador de la juventud. Desde el principio, Mean Creek se erige como una singular pieza independiente, que si bien recurre a temas comunes de las historias juveniles (el despertar hormonal, la atracción hacia el sexo opuesto, las travesuras inevitables, los abusos en la escuela de un compañero más fuerte,...), el tratamiento de los mismos se aleja de complacencias y convencionalismos, mostrando la maldad más oculta dentro de la supuesta “inocencia” juvenil.

Sam (Rory Culkin, el hermano menor de Macaulay Culkin), es un jovencito que sufre en la escuela los abusos del robusto George (Josh Peck), quien cada vez que puede le propina una que otra paliza. Harto de tal situación, Sam es aconsejado por su hermano mayor, Rocky (Trevor Morgan) de jugarle una broma bastante pesada a George, invitándolo a pasar el día a un lago y hacerle sentir que lo consideran como un buen amigo.

A la reunión acudirán los amigos de Rocky: Clyde (Ryan Kelley), Marty “Martini” Blank (Scott Mechlowicz) y Millie (Carly Shroeder), amiga de Sam, la única que no está enterada de la broma que le jugarán a George. Contra todas las expectativas, George empieza a caerle bien a los demás, a ser la buena persona que ninguno se esperaba, y cuando empiecen a desechar la idea de la broma, uno de los chicos no se quedará con las ganas de llevarla a cabo, alguien que no se acabará de convencer que George no es tan malo como parece.

De los aspectos destacables de Mean Creek, es la particular habilidad que el director tiene para dirigir a sus jóvenes actores y sacar lo mejor de ellos. Aaron Estes, autor también del guión, conoce bien a la juventud de esta época, sabe cómo hablan y se expresan, sabe profundizar y adentrarnos en la mente del fanfarrón George (la escena en que expresa ante su handy-cam la alegría de sentirse aceptado, gracias a la invitación que le hacen), lo comprendemos totalmente y acabamos involucrados en su soledad.

De hecho, una de las sutilezas estilísticas en la realización de Estes, radica en la manera de utilizar un pequeño artilugio como la handy-cam, para situarnos en el punto de vista de George. Gracias a estos simples hallazgos, producto de la destreza de un realizador que asume su tarea sin pretensiones ni mensajes aleccionadores, Mean Creek sale adelante y está por encima de cualquier teleserie juvenil.

Si final, aparentemente, resulta seco, emocionalmente contenido, pero lo cierto es que ninguno de los protagonistas acabará sin un mínimo de culpa por lo acontecido, en una premisa simple pero inteligente al mismo tiempo.

++ Mean Creek se presentó con éxito en el Festival de Sundance del 2004, y hasta ahora no ha tenido estreno comercial en España, ni existe editada en DVD.

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