domingo, 20 de enero de 2008

DVD: 1492, CONQUEST OF PARADISE * * * *

Con el quinto centenario del descubrimiento de América, en 1992, se estrenaron dos películas relacionadas con el tema, una de ellas (que hasta la fecha no he visto), protagonizada por Marlon Brando como Juan de Torquemada y Tom Selleck en el papel de Fernando el Católico, era Christopher Columbus: The Discovery (John Glen, 1992), con el actor galo Georges Corraface en el papel de Cristóbal Colón. A pesar de no haber visto el filme de Glen, siento que es menos logrado comparado con el otro filme, 1492, Conquest of Paradise (Reino Unido-E.U.-Francia-España, 1992), dirigida por Ridley Scott, una superproducción que tuvo un presupuesto de 47 millones de dólares, y que según las malas lenguas, nunca recuperó por los malos resultados que obtuvo en taquilla.

Scott, que ha demostrado una buena mano para los filmes de época como en The Duelists (1977), su primer largometraje, y últimamente con Gladiator (2000) o Kingdom of Heaven (2005), ofrece en 1492 una espectacular visión de la aventura que emprendió Colón (magnífico Gérard Depardieu), en su búsqueda por encontrar una nueva ruta a la India y que, como todos sabemos, lo llevó a descubrir un nuevo continente. La película contaba con un por demás atractivo reparto, junto al estupendo Depardieu estaban también el gran Fernando Rey, como un fraile que apoya a Colón en sus teorías y planes, Sigourney Weaver como una reina Isabel de look moderno, Armand Assante como el frío consejero real, Tchéky Kario interpretaba a Martín Alonso Pinzón, Frank Langella, la española Ángela Molina en el papel de la esposa de Colón, etc., junto a, en ese entonces, jóvenes promesas del cine español en papeles secundarios, como Juan Diego Botto y Achero Mañas, como Juanito, el marino de labio leporino.

Escrita por Roselyne Bosch, el filme no pretendía caer en didactismos chocantes, sino ser un filme de aventuras al estilo de Aguirre, La Ira de Dios (Werner Herzog, 1972), aunque el resultado con la crítica no fue favorable. Al fin y al cabo ¿a quién puede interesarle un filme sobre el descubrimiento de América? Aparentemente, no a muchos, de sólo escucharlo suena aburrido. Para quien esto escribe, 1492 fue una lograda película sobre el tema, maravillosamente ambientada al recurrir a fuertes recursos de producción (vestuario, caracterizaciones, una impresionante y fiel reconstrucción de las tres carabelas, la decoración de sets, etc.), con una bella fotografía del fallecido Adrian Biddle, que sacaba mucho partido a las locaciones originales (el monasterio de la Rabida, la Universidad de Salamanca, etc, en España), y escenas impactantes, como la ejecución inicial del Santo Oficio, o el desembarco en la Isla de San Salvador.

Desde el punto de vista formal, la realización de Scott era notable, con un inteligente y estético uso de los ralentis en varias partes de la película. Por si fuera poco, la intensa música electrónica de Vangelis y sus coros, añadía un bienvenido toque anacrónico a una película, en resumen, sumamente cuidada en toda su parte estética.

La historia es por todos conocida, es decir, la riesgosa aventura que desea emprender un navegante a finales del s. XV, estudioso experto en geografía antigua, dispuesto a romper con viejas y absurdas teorías medievales acerca de que más allá del horizonte no había más que un abismo, con riesgo de ser considerado hereje por la Inquisición. El Cristóbal Colón de Scott, es un hombre impulsivo, apasionado, de espíritu aventurero, de enorme fuerza física y carismático, pero que acabó cegado por esa misma pasión al no saber gobernar y administrar aquello por lo que siempre luchó, ni traer los tesoros que prometió a sus patrocinadores.

Si hay algún pero que le pondría al filme, es su duración algo excesiva, de dos horas y media, así como una aparente atracción entre Colón y la Reina Isabel, que siento estaba por demás, incluso, sugerir. En la película, el poder político fue más fuerte que Colón, en su afán de emprender una conquista pacífica en lo que al principio veía como un paraíso, una utopía que Scott y Bosch usan como discurso político para demostrar que tal cosa era irrealizable. Al final, empujado por el radical Moxica (el “carilindo” Michael Wincott), se tuvo que recurrir a la fuerza, a las armas, a la lucha contra los indígenas que opusieron resistencia, en un mundo desconocido para los recién llegados españoles.





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