viernes, 24 de agosto de 2007

DVD: L'ENFANT * * * 1/2

El Niño (L’Enfant, Bélgica-Francia, 2005), es el reciente filme de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, la prestigiada dupla de realizadores, guionistas y productores belgas, que dentro de la cinematografía francesa actual, se han caracterizado por filmes que hacen un estudio sensible y dramáticamente detallado de jóvenes agobiados por la soledad, así como una falta total de entendimiento con el mundo adulto.

El Niño tuvo una exitosa premiere en el Festival de Cannes 2005, llevándose la Palma de Oro a la Mejor Película, donde la buena aceptación de la crítica sigue manteniendo el excelente oficio de los Dardenne en alto. Su anterior filme, El Hijo (Le Fils, 2002), era una cinta filmada completamente con cámara portátil, muy realista en su tratamiento visual y puesta en escena, que se centraba en la historia de un chico adolescente, Francis (Morgan Marinne), que entra a un centro de rehabilitación social por recomendación de su directora, para ser adiestrado en el oficio de la carpintería por el serio y adusto Olivier, interpretado por Olivier Gourmet, actor frecuente en varios filmes de los Dardenne, y que también participa con un pequeño papel en El Niño como agente de policia. Son historias distintas, pero al ver con detenimiento la dirección actoral que los Dardenne hacen de sus actores juveniles, tienen en común que al final todos irradian encanto, aunque con su buena dosis de amargura, características que les da el verse envueltos en dilemas y conflictos adultos a su corta edad, como sucede en el caso de El Niño.

Si bien trata el clásico problema de la maternidad durante la adolescencia, el caso es que el guión de El Niño, escrito por los mismos hermanos Dardenne, está exento de cualquier azote melodramático a lo Hollywood, ni se preocupa mucho de que sintamos lástima por su joven pareja de chicos, que sin muchos recursos y un futuro incierto, ni siquiera un apoyo de sus padres, tendrán en sus manos la responsabilidad de cuidar a un recién nacido.

Hermanada con otra notable película francesa, Las Bordadoras (Faucher, 2004) por tratar en esencia el mismo tema, El Niño comparte con Las Bordadoras el hecho de que el embarazo-nacimiento de un bebé, es el suficiente pretexto para desatar en los protagonistas dilemas que los llevarán al límite. Sea la decisión de abortar por parte de la protagonista de las Bordadoras, sea la de vender a un recién nacido para sacar una buena cantidad de euros, tener para comer y seguir llevando una vida cómoda y despreocupada de vago, como en el caso de Bruno (Jérémie Renier), protagonista de El Niño.

Con una economía de recursos impresionante, los Dardenne ofrecen un relato urbano estremecedor, en el que el pequeño bebé al que hace referencia el título, se encontrará en medio de la tormentosa relación sentimental entre Bruno y Sonia (Francois), par de jóvenes sin oficio ni beneficio, que a temprana edad han quedado convertidos en padres. Sin trabajo, ladrón y mendigo ocasional, Bruno será el más despreocupado respecto a su condición de padre y del destino del niño.

Algo curioso en el filme, rodado con la misma habilidad para la cámara en mano del cinefotógrafo Alain Marcoen (como lo evidenció en El Hijo), es que no nada más el bebé -bautizado como Jimmy por Bruno-, será el afectado por haber tenido como padres a dos chicos inmaduros y que no saben qué hacer con sus vidas, sino que el niño pasará a segundo plano para que la trama sea llevada por un Bruno en plena decadencia, enfrascado en deudas por haberse involucrado en una red de tráfico de recién nacidos.

A los Dardenne les interesa exponer un montón de cosas en su película, no nada más la alarmante ignorancia de la juventud gala respecto a los temas sobre sexualidad y control natal (“No te preocupes, tendremos otro bebé y asunto arreglado” dirá Bruno a Sonia), sino problemáticas sociales complejas, como la delincuencia juvenil y lo fácil que es caer en el robo como camino fácil.

Su final es abierto pero redentor; incierto pero esperanzador. Luego de observar el camino seguido por sus protagonistas, excelentemente interpretados por sus jóvenes actores, en especial Jérémie Renier como Bruno, buen actor que ha trabajado al lado de grandes directores como Francois Ozon en los Amantes Criminales (1999), o Pacto con Lobos de Christophe Gans (2001). No queda más que desearles lo mejor a Bruno y a Sonia.

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