miércoles, 27 de junio de 2007

EN CARTELERA: OCEAN'S THIRTEEN * * * *

La franquicia iniciada por Steven Soderbergh con Ocean’s Eleven (2001), al aparecer, no se ha desgastado. Sigue tan fresca y viva como en la primera parte. Soderbergh no ha perdido la energía desde que inauguró la franquicia, que de una forma más o menos original ha ido creciendo hasta llegar al tercer filme, Ahora son 13 (Ocean’s Thirteen, E.U., 2007).

Si bien la película luce mucho mejor que la pasada entrega (Ocean’s Twelve/2004), es verdad también que, si exceptuamos la presencia femenina de la atractiva Ellen Barkin, la tercera película adolece de falta de bellezas como Catherine Zeta Jones o Julia Roberts, beneficiándose mucho con la secundaria -pero no menos fuerte- participación de Al Pacino, como el inescrupuloso dueño de un nuevo hotel en Las Vegas, que construyó a costa de traicionar a uno de los miembros de la pandilla de Danny Ocean (George Clooney), es decir, Reuben (Elliott Gould), quien ha quedado postrado en la cama a consecuencia del infarto por quedarse casi en la ruina.

Danny, junto a su colega Rusty (Brad Pitt), planearán una jugosa venganza, que consistirá en tratar de arruinar al nuevo hotelero, Willie Bank (Pacino), urdiendo un maquiavélico e increíble plan para, primero, dejarlo sin un centavo al intentar recrear un terremoto y un apagón en la luminosa urbe, y segundo, robarle una cuantiosa cantidad de diamantes de su bóveda.

Algo que sigue sorprendiendo, es el bueno tino de Soderbergh, continuando en la dirección, no nada más para que el elenco luzca renovado, fresco, con nuevos bríos, sino también de saber mantener un humor sin otra pretensión que arrancar inevitables risas, como en los dos gags sobre los cuales gira la trama, uno relacionado con el cursilón programa de Oprah Winfrey (con un comiquísimo giro final), y el de un inmigrante mexicano, obrero en una fábrica de dados, quien le encarga a un miembro de la pandilla disfrazado como mexicano, de avisarle a su familiar “del otro lado” que está bien y sigue “aguantando” (Claro, esta cáustica broma quizás nada más cause risa en el público mexicano.)

Soderbergh ha encontrado en Ocean’s Thirteen el tono y estilo visual adecuados para su serie de heist movies. Desde el filme anterior, ha sabido imprimirles un regusto a cinta sesentera. Sabe dónde usar la cámara portátil de una manera arcaica para lograr un estilo nostálgico, sigue sabiendo utilizar al máximo la banda sonora muy groovie y funk de David Holmes; sabe también cómo rescatar un escenario tan clásico de esa época como Las Vegas y aprovecharlo, ya sea en los ambientes claustrofóbicos del enorme casino de Bank, o en las buenas tomas aéreas de su grotesco hotel. Soderbergh nada más tiene que preocuparse por darle el ritmo y forma precisos a su cinta, que si se está del humor adecuado, su comicidad inocente y simple cae bastante bien.

El elenco principal no puede notarse más cómodo que en esta ocasión, en unos papeles que ya tienen más que asimilados. Al Pacino, sin ser el típico villano, resulta aborrecible como el ambicioso empresario, preocupado por mantener en marcha la maquinaria de su negocio, levantado a costa de arruinar a Reuben. Aunque si nos ponemos a pensar un poquito, Reuben no ha sido tampoco un ejemplo a seguir. Es decir, estamos ante un entretenido y pasable filme de ladrones contra ladrones, en donde los que triunfan son los que pelean por una causa honorable...y acaban siendo más ingeniosos y simpáticos. Y es que dicen que ladrón que roba a ladrón...

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