jueves, 28 de junio de 2007

EN CARTELERA: REIGN OVER ME * * * 1/2

En el más reciente filme del actor, guionista y realizador Mike Binder, En Algún Lugar de la Memoria (Reign Over Me, E.U., 2007), Charlie Fineman (Adam Sandler, en una de sus actuaciones serias y dramáticas) es aficionado a jugar un videojuego de temática fantástica, en el que un guerrero debe derrumbar y matar a un gigantesco monstruo. Nada ni nadie existe para Charlie en esos momentos.

Lo que simbólicamente está haciendo Charlie al jugar “Shadow of the Collosus” (nombre muy alegórico, por cierto), es luchar contra su propio “monstruo” interno, que sale a relucir explosivamente cada vez que su nuevo amigo, Alan (Don Cheadle), o quien sea, dice algo que al parecer le molesta u ofende.

La película de Binder (quien de hecho hace un pequeño papel), es un amargo melodrama con destellos de comedia, sobre dos seres solitarios que tratan de construir una amistad, partiendo de los recuerdos que Alan, exitoso odontólogo, guarda de la universidad, donde conoció al ahora inestable y perturbado Charlie.

Alan, un solitario hombre dedicado enteramente a su trabajo, esposa (Jada Pinkett Smith) e hijas, tratará por todos los medios de retomar su amistad con Charlie, pero no lo tendrá fácil. Charlie es un hombre retraído, vive aislado escuchando música con sus auriculares, viaja por toda Nueva York en un monopatín motorizado y su carácter es explosivo a la menor provocación. En resumidas cuentas, Charlie es un hombre de cuarenta años con mentalidad de adolescente, que esconde un secreto del pasado, el cual podría ser la clave de tan extraño comportamiento. Alan no tendrá menos problemas, tanto en su trabajo como en su matrimonio, en la medida que crezca su interés por ayudar y conocer más a Charlie.

Filmada en formato digital, en la película Adam Sandler tiene una sorprendente actuación. Sin dejar de lado el estupendo trabajo de Don Cheadle, toda la fuerza de la película radica en el enigmático personaje de Sandler, en una de esas actuaciones que no se agotan ni pierden interés. Claro, Binder no será un maestro en la construcción de retratos de familias problemáticas y algo disfuncionales, pero no hay duda que valiéndose de recursos mínimos (tan sólo una cámara digital de alta definición) y una realización muy funcional, consigue momentos inquietantes (los arranques violentos de Charlie) y dotar de alma a la película con dos personajes no muy diferentes entre sí.

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