miércoles, 20 de abril de 2011

CELDA 211 * * * * *


Alberto "Calzones" Amman y Luis "Malamadre" Tosar en "Celda 211"

El “Malamadre” es otra de esas grandes creaciones de Luis Tosar, especialista en interpretar villanos, al “malo” de la historia. Tosar es la fuerza motriz de Celda 211 (2009), y es quien lleva la batuta como el líder de un motín en una prisión estatal madrileña. Rapado, con barba tupida, mirada que mata enmarcada con sus pobladas cejas y una voz de Popeye, Luis Tosar crea un personaje que, literalmente, pone a temblar. No por nada fue el ganador del Goya a “Mejor Actor” en 2010, mientras que Daniel Monzón, el realizador, el de “Mejor Director”.

Como el título indica, Celda 211 es un drama carcelario eficiente, llevado con un timing impresionante por Monzón. Prácticamente, toda la historia se desarrolla dentro de la cárcel. El nuevo guardia del lugar, Juan Oliver (el argentino Alberto Amman, magnífico), ha decidido empezar un día antes con un recorrido por el lugar, en donde le es dada importante información por otros dos guardias, como detalles sobre el comportamiento, movimientos y jerarquías de los presos. “Te acostumbrarás. Al final, ellos se irán yendo, pero tú te quedarás aquí toda la vida”, le dice “alentadoramente” uno de los guardias a Juan.

Para su mala suerte, Juan es herido por una roca, justo en el momento en que el motín ha comenzado. El problema es que será abandonado por los guardias al huir, justo en la celda 211, la cual ha estado vacía desde que su último ocupante se suicidó cortándose las venas. Juan es tan listo y hábil, que tendrá una idea: hacerse pasar por un reo. La idea es sobrevivir, o acabar como rehén y, con seguridad, muerto.  Juan sabrá ganarse al “Malamadre”, quien por fortuna le creerá, y será rebautizado como "Calzones". Mientras, los celos de su brazo derecho, “Tachuela” (Vicente Romero), o las sospechas del líder colombiano “Apache” (Carlos Bardem, hermano de Javier Bardem, con un impecable y convincente acento colombiano), pondrán muchas dificultades a Juan.

Afuera, las cosas no están mejor. Las negociaciones no se llevan tan bien como debieran. Unos terroristas etarras son, irónicamente, los rehenes de “Malamadre”. Los guardias tan sólo tienen una cámara para observar los movimientos dentro de la prisión, otras cárceles imitan la proeza de “Malamadre”, protestas de familiares de los reos dan problemas y la esposa de Juan, Elena (Marta Etura, pareja en la vida real de Luis Tosar), está muy preocupada y embarazada, sin saber lo que realmente ha pasado con él.

Lo magistral del guión, escrito por Jorge Guerricaechevarria y el mismo Daniel Monzón, basado en la novela de Francisco Pérez Gandul, es la manera en que invierte los papeles, los roles de sus personajes. Los presos, especialmente su líder, acaban siendo “héroes”, víctimas y mártires de los guardias, de su brutal jefe (Antonio Resines) y de su burocracia. En general, son víctimas del sistema. Juan, testigo por televisión de la brutalidad que ocurre afuera, acaba convertido en un verdadero preso, con toda la violencia que eso implica y, además, en el gran amigo de “Malamadre”. El bestial, explosivo y violento “Malamadre”, acaba de alguna manera tocado por la fragilidad, angustia y sufrimiento de Juan por su esposa. La perfecta combinación, y la más improbable.

La puesta en escena nos hace respirar el ambiente en la prisión. Filmada con cámara digital, no hay rincón en esa cárcel en donde no nos sintamos incómodos, claustrofóbicos y, en muchas partes, presos de la ansiedad, cada vez que el “Malamadre” toma una decisión, reflexiona, o ve su liderazgo amenazado. Aunque tampoco pude dejar de sentirme angustiado por ver en qué momento el plan de Juan se viene abajo. Es decir, Celda 211 es una película que funciona en todos los niveles. En pocas palabras, o como seguramente diría el “Malamadre”, es un filme “acojonante”.

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