miércoles, 30 de junio de 2010

GENTLEMEN BRONCOS * *

La parodia a la literatura "pulp" en "Gentlemen Broncos", al final, no acaba resultando del todo.








La secuencia de créditos de Gentlemen Broncos (2009), quizás sea una de las pocas cosas rescatables en la película. En ella vemos desfilar una serie de portadas de literatura “pulp” de ciencia ficción, mientras escuchamos de fondo esa divertida, pero profética, canción “In the Year 2525”, del dueto Zager & Evans. Desde ese momento inicial, sabemos que este mediocre filme de Jared Hess intenta ser un homenaje paródico, precisamente, a la literatura “pulp” de bolsillo, desechable para unos, pero para otros un objeto de culto.

Gentlemen Broncos se ha quedado todavía más corta para mí que Nacho Libre (2006), anterior largometraje de Hess, en el que hacia una parodia de la lucha libre mexicana. Al menos, en Nacho Libre recuerdo haberme reído un poco más. Mi problema con Gentlemen Broncos, es que no me ha parecido lo suficientemente graciosa, a pesar de que hubo ciertas cosas que me hicieron esbozar una sonrisa. Hess retoma el nerdismo y el freakismo de Napoleon Dynamite (2004), como punto de partida para su parodia, que en muchos instantes recuerda a The Hitchhacker’s Guide to the Galaxy (2005). Esto en los delirantes y surrealistas fragmentos, protagonizados por un Sam Rockwell que acaba robándose la película, dentro del imaginario mundo creado por el protagonista de la historia principal, Benjamin (Michael Angarano), un alienado chico nerd, fanático de la literatura de ciencia ficción, quien ha escrito la que es su obra maestra, “Yeast Lords”.

Las dificultades comienzan para Benjamin cuando su ídolo, Chevalier (Jemaine Clement), famoso escritor de ciencia ficción, en una serie de circunstancias le roba la idea de “Yeast Lords”, publicándola con un título diferente y cambiando los nombres de los personajes. Por si fuera poco, el dueño de una productora de cine de quinta categoría (el mexicano Héctor Jimenez) y su socia (Halley Feiffer) han hecho una terrible adaptación de “Yeast Lords”, sin siquiera apegarse al espíritu de la novela original.

En general, ni la historia de Benjamin es tan interesante y atractiva como quiere serlo, ni las dos versiones que vemos de “Yeast Lords” (la original de Benjamin y la apócrifa de Chevalier), son lo suficientemente cómicas. Es claro que estas pretenden ser, por su cuenta, una parodia del cine serie B de ciencia ficción, burlándose de su producción risible y efectos especiales baratos (¿Hubiera sido mejor hacer una película “in extenso” de “Yeast Lords”?). A veces, parece que toda la idea cómica de Hess fue simplemente poner personajes que lucieran y se escucharan estúpidos frente a la cámara (el peor es el tipo rubio que carga todo el tiempo una boa, así como el director de cine interpretado por Jimenez). Para hacer una parodia, se necesita mucho más que eso, en especial, una reflexión sobre el objeto parodiado. Y eso es lo que no tiene Gentlemen Broncos.

++Lo mejor: Sam Rockwell, en su pequeña participación dentro de los surrealistas fragmentos futuristas.
++Lo peor: Que no es tan divertida como podría esperarse.

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