martes, 28 de abril de 2009

TSOTSI * * * *

Durante todo el tiempo que dura Tsotsi (2005), su protagonista principal, el Tsotsi del título (Presley Chweneyagae), nunca esbozará una sonrisa o gesto amable. Tsotsi, sobrenombre con el que lo conocen sus compañeros, quiere decir “gangster” o “ladronzuelo” en afrikaneer. Su verdadero nombre nadie lo sabe más que él. Es el rostro de piedra de un joven que no tendrá piedad con quien obstruya su camino, ni siquiera con un indigente inválido o un miembro de su pandilla.

Dirigida por el sudafricano Gavin Good, y adaptación de la novela de Athol Fugard, desde el principio de Tsotsi parecerá que nos movemos por los terrenos de Ciudad de Dios (2002). No nada más nos recuerda a la película de Fernando Meirelles en el aspecto visual, sino que, de no ser por los dialectos zúlu y afrikaneer, será como si estuviéramos en alguna favela de Río de Janeiro, cuando en realidad la historia se ambienta en los barrios pobres y marginales de Johannesburgo, Sudáfrica.

A diferencia de aquella violenta y ágil obrita maestra brasileña, la historia contada en Tsotsi es de un optimismo esperanzador, conmovedora y de una ternura inesperada. Hay violencia, ambientes crudos y asfixiantes, es verdad, pero lo que sorprende en esta sencilla historia de redención, es cómo el director se las arregla para hacer un hueco a un poco de humanidad, que ilumina el relato de este eternamente enfadado y duro personaje.

Nada ni nadie será capaz de cambiar a Tsotsi, hasta esa vuelta de tuerca, muy de Chaplin (The Kid, para ser exactos), cuando luego de robar un auto en un lujoso barrio y herir de gravedad a su conductora, Tsotsi descubra que dentro lleva a un bebé, al que decide llevarse a su casa de lámina hasta que sepa qué hacer con él.

Poco a poco iremos entendiendo el porqué de tanta amargura en Tsotsi. Lo importante en el filme es el drástico cambio en su vida provocado por el bebé, que lo llevará a reencontrarse con su lado humano, con su pasado traumático y con una joven madre soltera (Terry Pheto), la única persona que en muchísimo tiempo le ha tenido confianza, demostrado simpatía y apoyo.

Tsotsi está lejos de arrojar moralinas gratuitas. No hay necesidad de ello, como tampoco de hacer un profundo estudio social sobre la miseria y el vandalismo. Desde el inicio estamos directamente involucrados en la aventura de Tsotsi, acompañándolo a cada momento en su experiencia de “padre postizo”, hasta verlo tomar, en la parte final, la más difícil y madura decisión de su vida. Incluso ahí estamos a su lado.

++Disponible en una edición austera y otra especial, esta última incluye extras como 2 clips de la película, el "Cómo se hizo", escenas eliminadas, ficha artística, ficha técnica, ficha de doblaje, tráiler y filmografías.

1 comentario:

Anzili dijo...

Yo personalmente es una película que me gustó bastante. Quizás no permite sonreír del modo que se sonrie en "ciudad de Dios", pero si que lo permite hacer de otro modo.

El cine es un buen modo de viajar también, así que permite hacer un viaje particular en las fabelas de sud-áfrica (uno de los lugares más peligrosos del mundo dicen).

Tienes razón en que en ningún momento pretende la película ser un estudio social o psicológico, pero si que aporta argumentos para pensar, para reflexionar, acerca de la delincuencia, o del lado marginal humano.

Un abrazo.

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