lunes, 2 de febrero de 2009

NOCHNOY DOZOR * * * 1/2

La vida en Moscú parece tranquila durante una noche, mientras, en lo alto de un derruido edificio, tiene lugar la lucha entre las fuerzas “oscuras” y las fuerzas “luminosas”, en una escena que parece extraída de Blade Runner. El líder de las fuerzas obscuras, Zavulon (Victor Verzhbitsky) -como Rutger Hauer en el filme de Ridley Scott-, se extraerá de la espalda una espada con forma “vertebral”, para ejecutar una sentencia milenaria.

Antes de esta escena, casi al final de Night Watch (Nochnoy Dozor, 2004), el director ruso Timur Bekmambetov ya nos ha demostrado lo bien asimilado que tiene el imaginario visual del cine fantástico hollywoodense de las últimas dos décadas, que van desde Blade Runner, pasando por el cine medieval-fantástico de los años 1980 (Krull, Willow), 1990 (cine de estética “dark” como The Crow y Dark City) y de esta década (Lord of the Rings), y las propuestas cinéticas de Matrix.

Este fue el inicio de una trilogía fantástica de vampiros (cuya secuela ya se estrenó hace unos años), en la que subyace una convencional historia sobre la lucha entre “el bien y el mal”, protagonizada por vampiros, muy al estilo de otra trilogía, “Underworld”. Aquí los vampiros son llamados seres “Otros Obscuridad” y sus contrincantes los “Otros Luz”, estos últimos humanos que los cazan con todo tipo de artilugios.

La propuesta visual es hipnótica. Lo mismo se nutre del cómic moderno (la revista “Heavy Metal”, por ejemplo), que de las puestas en escena de realizadores como Danny Boyle o Jean Pierre Jeunet. La edición es frenética, imparable, y a pesar de que la película es palomeramente hollywoodezca, conserva mucho su toque europeo. Serie B de manufactura 100 por ciento rusa.

La historia abre con una delirante batalla a lo “Lord of the Rings”, literalmente “congelada” por el líder Luz, Geser (Vladimir Menshov), con la decisión de que se establezca una tregua entre ambos bandos, vigilada por los humanos. En el tiempo presente, Anton (Konstantin Khabensky), un humano común y corriente, será reclutado por dos enviados de Geser, “Oso” y “Tigresa” (capaces de transformarse en estos animales), debido a que posee ciertas dotes psíquicas, para romper la maldición de una “Virgen” (Mariya Poroshina), que provoca la muerte de todo humano que mira a los ojos.

La experiencia es más visual que narrativa. De hecho, este último punto es el pie del que cojea Bekmambetov. Apreciamos estupendas animaciones en dos y tres dimensiones, efectos especiales impresionantes a la altura de Hollywood; una puesta en escena videoclipera, pero casi siempre hace falta una coherencia narrativa ante la compleja trama.

El guión tiene el problema de estar saturado de subtramas que no se resolverán (tal vez quedan para la secuela, que no he visto), así como de personajes secundarios sin mucha importancia en la historia. En conjunto, la trama luce enredosa. Habrá un punto, entrado el tercer acto, en que se presenta un “falso” clímax final (la llegada del ciclón), apresurado y no muy bien resuelto, para de ahí saltar a otro (esta vez, el clímax decisivo), que no tiene la merecida extensión.

Espero que las secuelas no tengan los mismos problemas, en lo que parece ser una entretenida trilogía serie B, que se siente como el “grito” que la cinematografía rusa necesitaba, muchas veces ignorada.

++ Disponible en DVD, en una edición austera sin extras.

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