jueves, 5 de febrero de 2009

FIVE DEDICATED TO OZU * * * 1/2


Del director iraní Abbas Kiarostami, Five Dedicated to Ozu (2003), raya en lo inclasificable. Su locación principal es el mar, y posa su cámara en situaciones aparentemente naturales y cotidianas, en un homenaje a Yasujiro Ozu, uno de los más grandes directores japoneses. Esto demandará del espectador mucha paciencia.

Kiarostami realiza cinco cortometrajes. Cada uno de ellos tiene un elemento en común: el agua, como símbolo dador de vida, que incluso puede tener vida propia. Filmados en vídeo digital (editados y manipulados digitalmente), el primer corto tiene como “personaje” a un tronco, llevado y traído por el oleaje del mar durante los casi 15 minutos de duración. El tronco va y viene envuelto en la espumosa agua del mar, y eso será lo único que pasa. Su intención es mostrar lo bello de ver un simple tronco mojado bajo el poder del agua, lo bello del color y el sonido del oleaje (aspecto técnico que Kiarostami cuida y resalta), en una alegoría del ir y venir vital y cíclico. En cada cosa, aparentemente, insignificante, puede haber algo de vida.

El segundo corto tiene lugar frente a un malecón, filmando únicamente a la gente que pasa, de izquierda a derecha del cuadro y viceversa. A cuadro entrará lo que sea, incluso una paloma, que quiere robar cámara. Son 12 minutos de gente que viene y va. Kiarostami experimenta filmando lo que para él, seguramente, es el transcurrir de la vida, en una reflexión del tiempo, el espacio y la vida.

El tercer corto –de los más simpáticos- es parecido al anterior, pero en lugar de gente, Kiarostami hace desfilar a… ¡unos patos! Kiarostami muestra un control fenomenal de la situación: hace desfilar a los patos muy ordenados, sin cortes, sin movimientos de cámara, sólo de frente con una cámara estática. El sonido es increíble, se captan los pasos que dan los patos, mientras va creciendo su número. En el siguiente corto, los protagonistas serán unos perros echados en la playa, flojeando placenteramente. Vale decir que cada corto está unido por unos fundidos lentos y progresivos. En el de los perros, el experimento es captar las formas y figuras extrañas que los fundidos digitales van creando, con sobreexposición, alteración de tonos, etc.

Uno de los más difíciles, si no se es muy paciente, es el último corto. La “acción” ocurre durante la noche, y el propósito es captar las extrañas figuras que toma una luna llena reflejada en la superficie de un estanque. Mientras, de fondo, se escuchan los ruidos nocturnos de los animales.

Si se tiene la paciencia necesaria de presenciar este ejercicio formal y experimental, se comprobará que Kiarostami homenajeó de una manera muy particular a Ozu, captando la quietud de la vida, pero también lo accidental de la misma, de aquello que no está previsto.

++ Aunque los cortos fueron filmados en la playa de San Lorenzo en Gijón (Asturias), la película nunca tuvo exhibición en España. Los cortos pueden verse en Youtube.

2 comentarios:

Oscar dijo...

Jajaja Lo vi hace un año que lo pasaron en la filmoteca de Valencia. El de los patos fue la risa. Y el de la rama es súper interesante porque hay un momento de tensión brutal, no digo más por si acaso alguien lee esto, pero supongo que sabes a cual me refiero.
Un saludo

Àlex Frias dijo...

Ah muchas gracias Oscar, es bueno saberlo. Al menos la proyectaron en la filmo. Bueno, algo es algo. Claro, recuerdo esa parte de la rama (bueno, espero que estemos pensando en el mismo momento de tensión jajaja) Como sea, es un buen trabajo el de Kiarostami.

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