jueves, 25 de diciembre de 2008

THE DAY THE EARTH STOOD STILL * * * 1/2

Michael Rennie. Al fondo, Gort, el robot.

The Day the Earth Stood Still (1951), uno de las clásicos cinematográficos de la ciencia ficción, dirigida por el recientemente fallecido Robert Wise (West Side History), tiene un inicio intenso. En la introducción, escuchamos la narración por radio que hace un locutor, sobre el aterrizaje de un platillo volador en un parque de Washington. Wise demuestra una gran destreza para el género de la ciencia ficción. La película no esconde su condición de puro y llano entretenimiento palomero. La trama, inocentemente, envía un mensaje pacifista en plena época de la posguerra. 

De una manera intrigante, un gran robot baja del platillo volador y, literalmente, desaparece todas las armas y tanques militares del ejército que lo rodea. Lo interesante, es que lo hace sin dañar o herir a los terrícolas, contrario a los marcianos de War of the Worlds. Más intrigante es -con cierto humor involuntario- escuchar hablar un perfecto inglés al piloto de la nave espacial, Klaatu (el británico Michael Rennie), quien es llevado al hospital luego de ser herido por un soldado. Klaatu comienza a dialogar con los doctores y a impresionarlos con su rápida curación. “Me ha hecho sentir como un médico brujo”, dirá un sorprendido doctor.

Al enterarse que será llevado a las autoridades, Klaatu escapa vertiginosamente del hospital. Aquí, la película se convierte en una especie de antecedente de E.T. (1982), cuando nuestro elegante extraterrestre llega a la casa de una familia para rentar un cuarto. Klaatu inicia así su conocimiento de la vida terrestre de la mano de un niño, bajo el nombre de “Carpenter”. Klaatu/Carpenter pasea por la ciudad sin problemas junto a su nuevo amigo, un niño como visualizado por Steven Spielberg, sin padre y con una madre que no le pone mucha atención. Ni el niño ni su familia saben que Klaatu es un extraterrestre, mientras los militares y el FBI lo buscan frenéticamente. En tanto, Gort, el gigantesco robot, permanece como adormilado, resguardado por el ejército.

La película presenta a los medios de comunicación como un elemento principal de la trama. Es más, estos vitalizan su desarrollo. Los medios se escandalizan al enterarse que Klaatu demanda una reunión con todos los líderes del mundo, para darles un importante mensaje. “Señor, estos tiempos que corren no permiten una cosa así”, le responde un representante del gobierno estadounidense. Klaatu le platica algo que es nuevamente de puro humor involuntario, relacionado con “las molestias” que la Tierra provoca, con su “humo, ruido y destrucción”, a los habitantes de su planeta. La Tierra es considerada por los habitantes del planeta de Klaatu, y otros más, como una “amenaza para el universo”. Su advertencia a los terrícolas: si no arreglan esta situación, la Tierra será destruida por el “bien común”.

El mensaje pacifista y político quedaba así patente, en un filme divertido, cuyo argumento fue escrito por Harry Bates y el guión por Edmund H. North (quien adaptara al cine el libro “Patton” en el filme homónimo), no muy lejos de parecerse a los cómics y a la literatura pulp de aquel entonces sobre platillos voladores e invasiones extraterrestres.

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