viernes, 18 de julio de 2008

ALPHAVILLE * * * 1/2

La ciudad de Alphaville pertenece a otro mundo, quizás a una realidad alterna. Es un lugar instalado en algún futuro no muy lejano, donde las cosas tienen un caótico orden. Alphaville (1965), filme de Jean-Luc Godard, es un frío relato de ciencia ficción, cuya inspiración más evidente es el libro “1984” de George Orwell, relato sobre un enorme sistema informático que controla y domina la sociedad del futuro.

La acción se desarrolla en un angustiante escenario, poblado por humanos robotizados, a los que se les tiene prohibido expresar cualquier tipo de emoción o sentimiento. Ni siquiera conocen la palabra “amor” y las atractivas empleadas del hotel donde se hospeda Lemmy Caoution (Eddie Constantine), un detective privado norteamericano, son unas autómatas cuyo único objetivo es complacer a los huéspedes en todos los aspectos.

Godard, como máximo representante de la Nouvelle Vague, combina hábil e inteligentemente un clásico relato detectivesco, entre el hard-boiled y el film noir, con la ciencia ficción futurista. Lemmy llega con una misión a la extraña ciudad, que irá más allá de asesinar a un renombrado científico, Von Braun, cuando se vaya sumergiendo en sus rincones y se de cuenta que es la representación de la peor de sus pesadillas.

La cámara en mano en la filmación de ciertas escenas (típica del cinema verité), la edición arbitraria, rítmica y sorpresiva; la importancia del sonido y la improvisación mientras filma a sus actores corriendo por la calle, etc., todo distintivo del estilo de Godard, están presentes. Pero Alphaville será, ante todo, una historia de amor, desde el momento en que Lemmy se imponga, por encima de su deber, la salvación de una bella chica, Natacha Von Braun (Anna Karina), quien como muchos alphavilleanos no conocen nada del “mundo” exterior.

El profesor Von Braun luce, la mayor parte del tiempo, como un antecedente de la HAL-9000 de 2001: Space Odyssey, una luz roja hipnotizante, a través de la cual se comunica por todas las vías posibles y con una respiración que recuerda a la de Darth Vader.

Debido a la extraña fuerza que domina a todos los habitantes de Alphaville, la premisa de la película, escrita por el mismo Godard basándose en un poema de Paul Eluard, tenia que ver con el rompimiento de las ataduras intelectuales, racionales y tecnológicas, que rigen a los habitantes de Alphaville, usando la fuerza del amor y el sentimiento.

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