viernes, 1 de febrero de 2008

EN CARTELERA: BUCKET LIST * * * 1/2

A estas alturas, un par de actores consagrados como Jack Nicholson y Morgan Freeman pueden permitirse todo (o casi) en sus prestigiadas carreras, hasta un filme como Bucket List (E.U., 2008), dirigida por el también actor Rob Reiner, una buddy movie que sigue sin muchas sorpresas las convenciones del género. Gracias a la poderosa presencia en pantalla y carisma de sus dos actores, el filme sale a flote sin dificultades durante la mayor parte del tiempo.

Nicholson y Freeman interpretan a dos enfermos terminales de cáncer, el primero como Edward, director del hospital en el que está internado, mientras el segundo interpreta a Carter, un tranquilo mecánico especialista en coches de carreras. Por supuesto, ambos serán dos polos opuestos, en sus formas de vivir y ver la vida, clase social, aunque eso no evitará que formen una amistad al compartir la misma habitación en el hospital.

El acercamiento no se dejará esperar, al atestiguar uno los padecimientos postoperatorios del otro, o las malas noches luego de las quimioterapias. Los médicos les han dado una esperanza de vida de 6 meses a 1 año, y por eso a Carter se le ocurre hacer una lista que contiene una serie de cosas por hacer antes de morir. Cuando esta lista caiga por accidente en manos del frívolo millonario Edward, este le propondrá elevarlo al máximo, haciendo cosas extremas y que sólo el dinero puede permitir: arrojarse en paracaídas, conducir autos de carreras con una pista para ellos solos, viajar alrededor del mundo en el avión privado de Edward e irse de safari, a conocer el Taj-Majal o las pirámides de Egipto.

Bucket List tiene una historia simple y su premisa es directa, sencilla y sin complicaciones: encuentra la felicidad en la vida. La química entre Nicholson y Freeman es natural, y como siempre, el primero se roba el filme, en su amplia sonrisa y su mirada malévolamente juguetona, como el excéntrico millonario, aparentemente sin hijos, pero solitario, al que le será inevitable ser tocado por la cálida filosofía de Carter, por el contrario, un hombre de familia, padre y abuelo, quien será contagiado por la vitalidad de Edward.

Gracias a esta agradable interacción entre ambos actores, la película de Reiner acaba teniendo varios momentos divertidos (la caída en paracaídas, la carrera de autos, etc.) y, en resumen, resultará ser un entretenimiento palomero de fin de semana. La trama escapa al llano chantaje sentimental, a pesar de su filosofía sobre alcanzar la felicidad, sin importar la edad que se tenga. El mensaje es bienvenido, aunque el tratamiento me pareció superficial y sin la profundidad que merecía. Tal vez estoy siendo algo exigente con una comedia hollywoodense, que sabe explotar, de manera hábil, a sus dos grandes actores, luciendo cómodos en sus personajes.

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