martes, 2 de octubre de 2007

CINESPAÑA: TIEMPOS DE AZÚCAR * * 1/2

La historia romántica narrada en Tiempos de Azúcar (España, 2001), del realizador y guionista valenciano Juan Luis Iborra (en su haber tiene guiones para varias premiaciones de los Goya), es de lo más predecible desde los primeros minutos, en los que sin remedio quedamos enganchados gracias a la conmovedora relación entre un maduro y trabajador niño y su madre, ambos tratando de sacar adelante una humilde panadería, ambos tratando de sacar adelante una humilde panadería, en un pueblo de la costa mediterránea de Valencia, por ahí de finales de los 1950.

Para Miguel (de niño interpretado por Antoni Galera) y su madre (Verónica Forqué) las cosas van bien en el negocio, son felices haciendo lo que hacen, se divierten preparando pan, pasteles y toda clase de repostería, hasta que la rutina de Miguel se verá alterada con la llegada de Angela (la niña Andre Andreu), una pequeña niña que se volverá en su amiga inseparable. Lo difícil para Miguel vendrá con el fallecimiento de su madre, situación que no le dejará tiempo para estar deprimido, ya que decidirá seguir llevando el negocio él sólo, sea por los recuerdos, por el amor a su madre o por el gusto de un oficio que será casi esclavizante.

Tiempos de Azúcar, con un guión escrito por el mismo Iborra en el que plasmó aspectos biográficos (él mismo confiesa haber trabajado en una panadería familiar que sigue funcionando a la fecha), en colaboración con Susana Prieto, será la odisea a través del tiempo sobre el crecimiento y maduración de Miguel, quien a sus veintitantos años (interpretado por Carlos Fuentes), todavía sigue trabajando en los hornos, moldeando masa y preparando pasteles, frente a la mirada incrédula de sus vecinos y de la guapa Angela (María Adánez), convertida en una chica con aspiraciones y deseos de estudiar Derecho en la universidad, salir del pueblo rumbo a Madrid, conocer gente nueva, al contrario del más tranquilo y fijo Miguel, el cual prefiere seguir enganchado al negocio y que, además, empieza a ver con otros ojos a su amiga de la infancia.

La película no tiene mayor complicación, ni en su historia, ni en su producción (una ambientación más o menos aceptable), sin mucha preocupación ni riesgo por hacer más complejos los conflictos de los personajes. Tiempos de Azúcar es la clásica mirada nostálgica a la España de los 1960 con tratamiento de telefilme, en exceso cautelosa en la relación de su pareja protagónica, en la que prima una gran inocencia: apenas una mirada tímida o un leve roce accidental de los brazos, serán suficientes para que entendamos que en Miguel está creciendo un amor por su amiga, mientras que, con el pasar de los años, para Angela será el mismo gran amigo de siempre.

La única escena de amor “fuerte” en la cinta, será tratada con el mismo cuidado casi temeroso de Ibarra, siendo Tiempos de Azúcar el filme perfecto para verse una tarde familiar de fin de semana, que nos de por estar sentimentales y algo cursis. Creo incluso que Tiempos de Azúcar, dado su extenso guión en cuanto al tiempo en años que abarca su historia, funcionaría mucho mejor como teleserie y fuerte competidora de “Cuéntame cómo Pasó”.

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