lunes, 16 de julio de 2007

EN CARTELERA: TRANSFORMERS * * * *

Confieso que nunca fui un fanático irredento de los Transformers en el momento de mayor popularidad de su serie animada, a mediados de los 1980. Pero me encantaba matar el tiempo viéndola de vez en cuando. Lo que sí recuerdo, es cuanto me gustaba jugar con las figuras de acción, no nada más las originales de la marca Hasbro, empresa que fabricó y distribuyó estos juguetes originarios de Japón, sino de todas las demás fábricas de juguetes que copiaron la idea de unos robots alienígenas, capaces de transformarse en aviones de guerra, coches, helicópteros, e incluso, dinosaurios mecánicos.

Por fin pudo ver la luz Transformers (E.U., 2007), adaptación al cine con actores de carne y hueso de estos famosos juguetes ochenteros, luego de un primer intento fallido en 1986 con el filme animado “Transformer: The Movie”, en donde por increíble que parezca, Orson Welles, prestó su voz a uno de los personajes. Al final, la realización cayó en manos del habilidoso especialista en filmes de acción Michael Bay, y no de Steven Spielberg, quien se encargó de la producción ejecutiva.

La película no nada más me transportó a la época de mayor fama de los Transformers, sino que creo hace justicia a estos mecánicos personajes, en un impresionante espectáculo visual, en el que los verdaderos protagonistas son precisamente estos robots del espacio: los buenos y simpáticos Autobots, liderados por el honorable Optimus Prime, y los destructores y belicosos Decepticons, comandados por el despiadado Megatron, en una lucha de tonos épicos para apoderarse de un místico cubo, su fuente vital de poder, que cayó en la Tierra hace muchos años. Los Decepticons buscan conquistar la Tierra y exterminar a la raza humana, cosa que por supuesto impedirán los Autobots.

En medio de esta lucha estará un tímido adolescente, Sam (Shia LaBeauf), quien sin saberlo recibirá de regalo un Autobot de nombre Bumblebee, en la forma de un destartalado Camaro. Al ser localizado por los Autobots para que les devuelva un código secreto, escondido en las gafas antiguas de su tatarabuelo, el cual tuvo un primer encuentro con los robots en los 1890 durante una expedición en la Antártida, Sam junto a su bellísima amiguita Mikaela (preciosa Megan Fox), terminarán involucrados en la lucha por salvar a la Tierra.

La película, con todo y su humor simplón, acaba fascinando desde el momento en que estos impresionantes robots hacen acto de aparición. En este verdadero exitazo de taquilla veraniega (en E. U. recaudó, nada más en su primer semana de exhibición, casi 30 millones de dólares), acaso el mejor filme de acción fantástico, no nada más del verano sino con seguridad del año, uno en verdad siente empatía por los nobles pero valerosos Autobots, pero también un auténtico terror ante las maquinas depredadoras y destructivas que son los Decepticons. Y es que estas razas de robots alienígenas, provenientes del planeta Cybertron, que llevan cientos de años luchando por el poder, no nada más son una prodigiosa creación en materia de animación, por parte de la Industrial Light and Magic de Steven Spielberg (Oscar seguro el próximo año para Mejores Efectos Digitales), sino que también son carismáticos personajes con una personalidad y cualidades bien definidas.

Sin embargo, hubo algo que me resultó molesto, y es lo obvio que resulta la publicidad que se hace a varias marcas a lo largo del filme, en primeros planos y sin tapujos. Bueno, algún defecto había que tener la cinta. Pero lo bueno es que, entre una y otra hipnotizante escena de acción, se nos olvida que algún personaje tomó Pepto Bismol para aliviarse el malestar estomacal. Algo que logra bien Transformers, es traernos buenos recuerdos para aquellos que crecimos en los 1980, y volver a interesarnos por personajes que marcaron esta época.

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