martes, 17 de enero de 2017

ROGUE ONE: A STAR WARS STORY * * * *

Felicity Jones, Diego Luna, y el resto de la banda. 
El mensaje está claro. El renovado universo de Star Wars sigue dispuesto a permanecer abierto a la diversidad racial. Rogue One: A Star Wars Story, el primer intento de ramificar la saga con una historia, supuestamente, "independiente" (la verdad, no tanto como se dice) de la franquicia  principal, sigue luciendo un reparto multirracial. Ahora, son actores asiáticos los que tienen un peso considerable, con las estrellas del cine chico Donnie Yenn y Wen Jiang, en el reparto. Además, Forest Whitaker interpreta un personaje pequeño pero relevante, Saw Gerrera, líder moral de la rebelión que se está gestando en contra del ya formado Imperio. Además, un mexicano tiene por primera vez un papel protagónico en la saga, Diego Luna, como un piloto a-la-Han Solo. ¿Tendrá algún mensaje político todo esto, considerando los tiempos que se viven en E.U.? Apuesto que sí. 

Es ahora de las manos de un joven realizador, Gareth Edwards (Monster, Godzilla), que regresamos a "una galaxia muy, muy lejana". "Rogue One" funciona perfectamente como una secuela del "Episodio 3: Revenge of the Sith", y una precuela del "Episodio 4: A New Hope" (se llegará a rebautizar en el futuro como el "Episodio 3.5"?). De hecho, su historia se encuentra instalada tan sólo un poco antes de ese último episodio, en donde se narra cómo un grupo variopinto de rebeldes-renegados unen sus fuerzas para planear una operación crucial: robar los planos de la famosa "Estrella de la Muerte". Aquella "arma de destrucción masiva" hecha para destruir planetas enteros. Gracias a ellos, Luke Skywalker pudo destruirla en "A New Hope".

Rogue One trata de establecer su "independencia" de la saga original desde el inicio. Si uno espera escuchar el icónico tema musical al inicio, con sus resonantes y triunfantes metales iniciales, con el "crawl" contándonos el resumen de lo que estamos por ver, acabará boquiabierto y con un signo de interrogación en la frente al ver que no es así. Estamos entrando en un universo alterno de Star Wars, aunque no del todo diferente. En realidad, la fórmula de Star Wars no cambia mucho en lo que se nos cuenta. Tenemos nuevamente a una heroína cortada con la misma tijera que el personaje de Daisy Ridley en el "Episodio VII", Jyn Erso (Felicity Jones), predestinada a cumplir una misión importante, valiente, y con la "fuerza" acompañándola siempre. 

Hay algo que sí separa a "Rogue One" por completo del canon Star Wars, y es la ausencia de jedis y de sables láser. Aunque hay un personaje, Chirrut Imwe (Donnie Yen), una especie de místico-religioso invidente, diestro en artes marciales, que se pasa casi todo el tiempo mencionando e invocando a la "fuerza", la película está deslavada de todo el misticismo Jedi. La historia se centra en Jyn, una chica "skywalkeriana", quien siendo una niña vivió el trauma de ver a su madre ser asesinada por el villano imperial en turno, Orson Krennic (Ben Mendelshon), un antiguo colega de su padre, Galen (Mads Mikelssen). Galen es la verdadera mente maestra detrás de la "Estrella de la Muerte". 

Al ser capturada Jyn y su familia por la Confederación de Sistemas Independientes por sus nexos con el Imperio, a ésta se le ofrece la oportunidad de redimirse ante la Alianza, cumpliendo la misión de robar los planos. No estará sola. Junto a ella estarán Chirrut, Baze Malbus (Wen Jiang), Bodhi Rook (Riz Ahmed), así como Cassian Andor (Luna) y su compañero androide, K-2SO (voz de Alan Tudyk), un robot imperial que se ha pasado a luchar con los buenos. El robot es como un C3PO, pero del doble de tamaño, más tosco y rudo.

Básicamente, "Rogue One" es una película bélica al estilo "The Dirty Dozen". Hay un par de cameos de dos androides famosos (¿es necesario decir sus nombres?), además de que Lord Vader aparece en un cameo extendido, con todo y voz de James Earl Jones (suena algo cansada ya, pero todavía poderosa y amenazadora). Si hay algo impresionante en cuanto a efectos especiales se refiere, es ver a Peter Cushing "resucitado", en una versión digitalizada de su clásico personaje, Moff Tarkin. Una gran demostración de la magia de la tecnología digital, que nos da la presencia casi fantasmagórica de Cushing a lo largo del filme, diciendo sus diálogos con la misma frialdad y severidad con que lo hizo en "A New Hope" (teniendo como base el rostro y voz del actor Guy Henri). Esto hace que nos  preguntemos: ¿Cuál es el futuro profesional de los actores de carne y hueso? ¿Estarán destinados a ser sustituidos por versiones digitales? ¿Qué tan contento estaría el mismo Peter Cushing de ver una copia calca de sí mismo? Y eso no es todo, ya que también en un momento del filme aparece una versión digital rejuvenecida de Carrie Fisher, de 19 años (versión 1977), en donde ella misma prestó su rostro para la reconstrucción (con ayuda de la actriz Ingvield Deila para los movimientos faciales). ¿Era necesario? Para mi, no tan indispensable. 

"Rogue One" es un filme de Star Wars entretenido, espectacular, y logrado. Sin embargo, se nota a lo largo de la película un afán, muy forzado, de arrojar aquí y allá referencias al primer filme de 1977, para conectarlos lo más posible. "Rogue One" es muy buena, pero no acaba teniendo los elementos que la puedan acabar convirtiendo en un clásico, a la altura de los filmes originales, como personajes  memorables. En ese sentido, Diego Luna está aceptable, aunque el personaje de héroe de acción le acaba quedando algo grande. No se muestra muy capaz de sostener el filme por sí solo. Por el contrario, Felicity Jones, ofrece una magnífica actuación, llevándoselo de calle. Rogue One ofrece una experiencia similar -o casi- a la de los primeros filmes de Star Wars. Gareth Edwards hace de esta pequeña anécdota una emocionante experiencia.

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