miércoles, 28 de diciembre de 2016

GIRL ON THE TRAIN * * * 1/2


Emily Blunt
Quienes hayan visto Gone Girl, estarán pisando terrenos muy familiares en The Girl on the Train. Dirigida por Tate Taylor (The Help), y basada en un bestseller escrito por Paula Hawkins, su título puede ser un poco engañoso. Su acción no ocurre la mayor parte del tiempo en un tren. La chica del título, Rachel (interpretada por una magnífica Emily Blunt), adopta como mayor distracción durante el viaje en tren que realiza del trabajo a su casa, el observar la vida privada de una pareja en su hogar. Muy pronto averiguamos que Rachel solía ser vecina de dicho matrimonio, cuando estuvo casada con  el hombre (Justin Theroux) que la acabó dejando. La causa del divorcio no es muy difícil de adivinar, ya que desde los primeros minutos del filme, vemos que Rachel muestra un comportamiento errático, una mirada perdida, y un rostro adormilado-anestesiado, debido a su problema con el alcohol.

Rachel tiene problemas para dejar su pasado atrás, y la fascinación que despierta en ella la idílica felicidad que proyecta ese matrimonio (Luke Evans y Halley Bennet) parece llenar en ella los vacíos emocionales que la tienen deprimida. Esa felicidad representa lo que ella siempre deseó y nunca tuvo junto a su ex marido. La rutina del ir y venir en tren de los suburbios a Nueva York (la novela original está ambientada en Inglaterra) se detiene, justo cuando un día Rachel observa que la mujer se encuentra en el balcón de su casa --- con un hombre que no es su marido. El acontecimiento será el detonante de una obsesión, que acabará empeorando cuando la mujer se reporte como desaparecida, y se presuma muerta. 

Lo peor para Rachel, es que fue la última en haberla visto en un parque mientras la seguía, hasta que  por su embriaguez perdió el conocimiento. The Girl on the Train nos presenta las piezas de un rompecabezas narrativo, que nos corresponde a nosotros ensamblar en nuestras mentes. En tanto, otras dos narraciones paralelas nos muestran, precisamente, la historia de Megan (Bennet), la mujer desaparecida, y lo que pasó hasta el momento de su desaparición, incluyendo las sesiones con su psicólogo (Edgar Ramírez), así como la historia de Anna (Rebeca Ferguson), una joven madre y la nueva esposa del ex marido de Rachel, quien guarda en su memoria un mal recuerdo que involucra a esta última.

Lo más interesante de la película, acaba siendo su manera de contar y entrelazar las tres historias,  hasta que el velo del misterio queda descubierto. A pesar de que en ocasiones el ejercicio se pone algo confuso, debido a que sus saltos entre el pasado y el presente son casi imperceptibles (si uno se distrae por tres segundos corre el peligro de perderse), la historia tiene giros y vueltas de tuerca que le dan un rescatable suspenso psicológico. Es cierto, su rompecabezas narrativo no es más que un truco para hacer más intrigante un tal vez no muy imaginativo u original melodrama romántico, con tintes de historia de misterio estilo Agatha Christie, incluyendo algo de sexo explícito. 

Lástima que la detective interpretada por Allison Janney se sienta algo desaprovechada, apareciendo y desapareciendo arbitrariamente. Sin embargo, The Girl on the Train termina siendo visible, gracias a su fabuloso reparto femenino, y que, si bien su final se siente apresurado, consiguió tenerme pegado a mi asiento durante la mayor parte del tiempo.

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