jueves, 19 de enero de 2017

ASSASSIN'S CREED * *

Ariane Labed y Michael Fassbender
No puede esperarse mucho de adaptaciones al cine de videojuegos. Y no se necesita estar muy versado en el tema, para darse cuenta que "Assassin's Creed" es un ejemplo más de esos filmes que se sienten sin mucha razón de ser. Reconozco que casi por la mitad batallé un poco para no acabar perdido en su premisa: un presidiario condenado a muerte (Michael Fassbender, quien también produce), es usado como "conejillo de indias" por una secta de templarios, para mandarlo, usando una máquina llamada "Animus", a la Andalucia del año 1492. Esto, a través de una especie de "regresiones" (o algo así), para "reencarnarlo" (o algo así) en Aguilar, un antepasado suyo, perteneciente a una secta llamada "Assassin's Creed". Si el tipo recupera una preciada reliquia, la "manzana del Edén", de las garras de la Santa Inquisición, recibirá como recompensa su libertad. Una científica (Marion Cotillard), la creadora de la máquina, supervisa estos viajes, con el pretexto de encontrar la cura para la violencia en el ser humano. ¿Pretenciosa? ¿Jalada? Absolutamente. Pero en realidad, ese es el menor de los problemas del filme, dirigido por Justin Kurzel, de quien debo confesar me gustó (con ciertas reservas) su "Macbeth" (con Fassbender y Cotillard también, precisamente). "Assassin's Creed" tiene secuencias de acción muy rescatables, con persecuciones por calles medievales estilo "parkour", y buenas peleas. Sin embargo, su historia es tan hueca, sin alma y sin entrañas, sin preocuparse realmente por que sus personajes nos importen, o por una narración que te atrape, que su famosa manzana acabó sabiéndome insípida y algo podrida.

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