viernes, 14 de agosto de 2015

TERMINATOR GENISYS * * 1/2

I-AM-BACK. Sí, Arnold está de vuelta. 
Arnold está de vuelta en Terminator Genisys, para beneplácito de los fans de la saga futurista. Es la última entrega de la más icónica de las franquicias del cine de ciencia ficción. ¿Quién lo hubiera podido imaginar? El "governator" regresa a interpretar al famoso T-800, menos letal que antes, aunque más amigable, con las vibras protectoras a todo lo que dan, y sin que ningún engranaje le rechine. Arnold retoma el papel de una manera digna, en un lugar poco más que secundario en la película, pero plenamente consciente de su edad, y bromeando en muchos momentos  al respecto.

Para el evidente paso de los años del personaje, los realizadores dieron con una explicación no muy creativa: el tejido orgánico que le recubre ha envejecido y se ha deteriorado, pero por dentro sigue siendo la eficiente máquina robótica venida del futuro. Desafortunadamente, Genisys no aporta nada o gran cosa a la franquicia, la cual desde la última película, Salvation (2009), empezó a dar signos de desgaste, de falta de ideas nuevas, y de originalidad. La nueva película, dirigida por Alan Taylor,  es algo cercano a un remake de las dos primeras películas. Incluso, hay momentos en que parece que Taylor tenía la intención de reiniciar una nueva franquicia. 

La trama parece incluso tomar prestada la premisa de Back to the Future, acerca del viaje en el tiempo, jugando con diversas líneas temporales, y de cómo alterar el pasado cambia drásticamente el futuro. Hasta el hecho de que en 1984 Sarah Connor (Emilia "Games of Thrones" Clarke, luciendo como una versión rejuvenecida de Linda Hamilton) se encuentra construyendo una máquina del tiempo con el Terminator, parece sacada de la premisa de aquellas películas. Kyle Reese (Jai Courtney), el nuevo héroe, es rescatado y aceptado por John Connor (Jason Clarke, con enorme cicatriz en el rostro) como nuevo miembro de la rebelión contra la amenaza de Skynet en el año 2019.   Los numerosos flashbacks, de lo que parecen sueños -o recuerdos- de la niñez de Kyle, no ayudan a que la narración fluya sin problemas y a que sea menos confusa. 

No esta muy claro si esto es un filme que forma parte de la vieja franquicia, o el inicio de una nueva, o ambos. No siempre es claro lo que Alan Taylor quiso hacer. Son demasiados flashbacks, saltos hacia atrás y adelante en el tiempo, giros y vueltas de tuerca. Si bien el filme acaba siendo veraniegamente entretenido, te deja con ganas de haber visto algo mejor. Es una lástima también lo desperdiciado que resulta el siempre impresionante J.K. Simmons, en un papel de relleno más que nada. En las pocas escenas que le toca hacer, no deja de sentirse como queriendo hacer más pero sin mucho espacio para ello. Lo mucho que acaba complicándose a sí misma la historia ocasiona que el filme acabe siendo disparejo y sin mucha coherencia. 

Junto al Arnold original, de carne y hueso, hay en una escena una versión digital, rejuvenecida y no muy convincente de él mismo, además de un nuevo T-1000 abriéndose camino como la nueva amenaza. Pero quizás el mayor problema de todos, es que no hay un héroe -o heroína- lo suficientemente fuerte, sólido e interesante que sostenga el filme y lo haga memorable. Arnold se roba cada escena en la que aparece, pero no es suficiente. Es el clásico ejemplo del Hollywood con falta de ideas, de seguir explotando y exprimiendo una saga, más por razones contractuales que por otra cosa.  

La película resulta un entretenimiento dominguero, gracias a los impresionantes efectos especiales (vamos, el T-1000 sigue siendo un espectáculo digno de verse) y a que hay impresionantes y adrenalínicas escenas de acción. Pero al final, queda la sensación de que ya no hay nada nuevo que contar. 

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