sábado, 14 de febrero de 2015

THE BOXTROLLS * * * 1/2

TARZAN ¿DE LOS TROLLS? Eggs y su enorme familia de
trolls.
The Boxtrolls es el cuarto largometraje producido por los estudios de animación Laika. Junto a otras casas productoras especializadas en animación (como Ardman), Laika sigue manteniendo viva y brillante la clásica técnica de animación en stop motion. La gran competencia representada por la animación digital, no ha opacado en absoluto joyas como Corpse Bride, Coraline (adaptación de la novela homónima de Neil Gaiman), cuento de hadas mezclado con historia de horror gótico y pesadilla surrealista para niños, o Paranorman, otro relato infantil de corte paranormal, con un niño -sí, otro niño- que puede ver "gente muerta". En The Boxtrolls (adaptación de la novela "Here be Monsters", de Alan Snow), era de esperarse, tarde que temprano, que los de Laika empezaran a caer un poco en clichés y extraños pastiches, que resultan más extraños que encantadores. No quiero ser malinterpretado. The Boxtrolls (dirigida por Graham Annable y Anthony Stacchi) tiene su particular encanto. Está realizada con una impecable y bellamente artesanal técnica de animación, y su elenco de voces es fenomenal. Pero al final, Boxtrolls no es más que otra historia sobre criaturas   horripilantes, odiadas por medio mundo, y que viven debajo de una ciudad, en su muy particular y autosuficiente mundo. Los boxtrolls han tomado bajo su resguardo a un niño, Eggs (Isaac Hempstead Wright), quien como en Tarzan y los simios, se considera a sí mismo como uno de ellos. Nunca ha tenido contacto con otros humanos, por lo que cuando Eggs tenga oportunidad de echar una mirada a la sociedad civilizada, todo acabará siendo un caos traumático para el chico.

Por una extraña razón, que nunca es explicada, los boxtrolls gustan -o necesitan, más bien- vestirse con cajas que recogen de los basureros. Cada uno se bautiza con la palabra que tenga impresa la caja, de ahí que Eggs se llame así, o que su "padre adoptivo" sea un troll de nombre "Fish". La vida de estas criaturas se ve amenazada por una especie de exterminadores, encabezados por el villano de la historia, Archibald Snatcher (Ben Kingsley, con una voz distorsionada que suena más bien como a Michael Gambon), el cual se ha encargado de diseminar mala fama a los boxtrolls entre los habitantes de la ciudad, y junto a sus secuaces se ha dado a la tarea de tratar de borrarlos del panorama, como si fueran una plaga. 

Los boxtrolls parecen inspirados en los minions de Despicable Me. Se dedican a estar inventando y construyendo cosas, aparentemente no hay figuras femeninas entre ellos, hablan con una voz de helio similar, y su lenguaje es a base de gruñidos y otros ruidos.  Tienen cierta comicidad, son chistosones, pero desafortunadamente no acaban siendo lo suficientemente memorables como sus contrapartes amarillos. En medio de la historia tenemos a una niña, Winnie (Elle Fanning), quien al descubrir a Eggs intentará (como la Jane de Tarzán) de integrarlo a la sociedad. 

Esa especie de sociedad-fraternidad secreta de amantes de los quesos, encabezada por el aristocrático padre de Winnie, Lord Portley Rind (Jared Harris), cuyos miembros se reúnen secretamente a degustar quesos, como si fueran catadores de vinos. Lo intrigante y sin mucho sentido (diría sin mucho motivo), es que para Archibald, además de tener una propensión a disfrazarse de mujer, parece algo imprescindible, casi de vida o muerte, el pertenecer a la sociedad y apoderarse del sombrero de Portley. El elenco se redondea con las voces de la dupla Nick Frost y Simon Pegg. Al final, la película tendrá sus puntos débiles, pero tiene un diseño de producción fascinante, como la concepción del mundo subterráneo de los boxtrolls, con caprichosos detalles en cada rincón, o las máquinas móviles diseñadas por Archibald, con sabor surrealista. Su historia, que en esencia trata sobre figuras paternas ausentes o, en su caso, no muy responsables, tiene el corazón bien puesto, pero The Boxtrolls estuvo a dos o tres pasos de alcanzar el status de memorable. 

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