sábado, 22 de noviembre de 2014

MESRINE: PART 2 PUBLIC ENEMY * * * * 1/2

JUNTOS HASTA EL FINAL.
Ludivine Sagnier y Vincent Cassel.
La secuela de L'Instinct de Mort, primera parte de la biopic sobre el gangster más buscado y "enemigo público" número uno en la historia de Francia, Jacques Mesrine. Public Enemy #1 es mejor que su predecesora, algo diferente en estructura (no es tan episódica) y algo más disciplinada en su dirección. Seguimos viendo a Mesrine escalar en su poder mediático, aunque perdiendo la cabeza en muchos momentos. Esta segunda parte tiene un equilibrio narrativo más evidente, ya que lo que ahora desea Jean-Francois Richet en esta película es mostrar el descenso de Mesrine, no centrándose tanto en la acción, sino también en un plano más psicológico y emocional. Muestra a su personaje como el clásico ejemplo del criminal que acaba saliéndose de control, presa de su propia ambición, que no se conformó con ser un simple roba bancos y secuestrador. Quiso ir más allá y transformarse en un ícono y símbolo político, que luchará en contra del sistema. 

Cuando un anciano millonario, secuestrado por Mesrine, quien para él representa el símbolo de la burguesía y la explotación contra el débil, le dice: "Señor Mesrine, no creo que usted y yo seamos muy diferentes. Nos gusta lo mismo: dinero y poder". Con el cinismo y despiadado sentido del humor que lo caracteriza, Mesrine (ahora con un gusto por la cocina intrigante) se sale por la tangente bromeando. Sin embargo, a partir de ahí se marca el descenso de Mesrine, perdiendo perspectiva de todo. 

El filme abre con su regreso a Francia, deportado por las autoridades de Canadá, con un recibimiento en el aeropuerto como si de una celebridad se tratara, y un cinismo a todo lo que da frente a las cámaras. Sigue siendo un maestro del escape, y no pasará mucho antes de que lo volvamos a ver libre en las calles (toda la secuencia está extraordinaria), reiniciando su carrera delictiva. Además, se reencontrará con su hija, ahora una adolescente.  En ese sentido, lo mejor de la película siguen siendo las escenas de los escapes, el diseño de producción (la ambientación sigue genial) y, claro, un Vincent Cassel supremo, sintiéndose ahora mucho más enfundado que antes en su personaje. 

En su segundo escape de prisión, Jacques no estará solo. En otro escape espectacular, se fugará con un compañero, François Besse (Mathieu Amalric, estupendo), convirtiéndose en su nuevo socio. Ambos forman una mancuerna por demás singular e interesante, específicamente, por lo disimilar que acaban resultando en carácter, personalidad, puntos de vista, opiniones, y además, físicamente (la broma constante es sobre la baja estatura de François). Lo más distintivo, es que Francois es el primero que trata de abrirle los ojos: "Jacques, tu problema es que no tienes límites, siempre quieres más, no paras". 

No será su única pareja dispareja. Su nuevo interés amoroso está encarnado por Ludivine Sagnier, con poco o casi nada qué hacer, más que ser la clásica pareja del gángster, en la más pura tradición del cine de gángsters de Hollywood: la chica atractiva, sexy, pero con poco o nada de seso. La chica  tiene la experiencia de su vida, viviendo con lujos y riqueza, pero tendrá momentos tensos y de desesperación, ya que será quien esté con Jacques justo cuando la policía lo encuentre y acribille, a plena luz del día, frente a decenas de testigos en la calle. Es aquí en donde estará la mejor y más adrenalínica secuencia del filme, en donde el detective de policía Broussard (Olivier Gourmet), llevará a cabo el desenlace de una triunfante cacería policiaca. Es cuando vemos que Mesrine, como película, sigue dentro de la tradición del mejor cine francés policiaco, el de Jean Pierre Melville, por ejemplo, en donde Richet sabe construir un efectivo y buen suspenso, segundo a segundo, y con ello un gran cierre para esté díptico. 


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