sábado, 18 de octubre de 2014

SOUND OF NOISE * * 1/2

TERRORISMO MUSICAL.  El grupo "Six Drummers"
Los suecos no serán muy graciosos, tendrán fama de fríos y de no ser muy emotivos. Pero, eso sí,  tienen ritmo. En ese sentido, si algo hay de entretenido en Sound of Noise (dirigida por  Ola Simonsson y Johannes Stjärnee Nilsson), es precisamente la música, ejecutada por el grupo de percusionistas al-estilo-Stomp, "Six Drummers". De hecho, toda la idea que dio origen al filme surgió de cortometrajes  realizados con las actuaciones del grupo, (formado por una mujer y cinco hombres),  capaces de producir música con todo lo imaginable a su alcance. La película causó furor en festivales, como el Fantastic Fest y el Festival de Cannes, donde ganó varios premios. No es por demeritarla, pero aunque tiene una idea original detrás, que el concepto de los números musicales es tremendamente original, cómico y divertido, honestamente a la película le faltó un poco más de escritura de guión, de una historia más interesante. La escasa trama que tiene es opacada por los sensacionales números musicales, en donde los músicos ejecutan música con objetos de todo tipo (monedas, sonidos de aparatos electrónicos, piel, cables de luz, máquinas de construcción, vasos, vidrio, y un largo etcétera).  

Es un espectáculo de música experimental, a través de 4 números, teniendo como protagonista a un detective de policía, Amadeus Warnebring (Bengt Nilsson), quien con tal nombre, irónicamente, sufre de una discapacidad hereditaria: no tiene sentido del ritmo. Es decir, Amadeus está negado para todo lo que tenga que ver con la música y su aprendizaje. Habiendo crecido en medio de una familia musical, con un hermano (Sven Ahlström) que es un renombrado director de orquesta, y padres músicos, Amadeus guarda dentro de sí cierta frustración y amargura. Por ello, el caso más difícil que tendrá que enfrentar, será el de un grupo de excéntricos músicos (los "Six Drummers"), quienes llevarán a cabo un proyecto conceptual de música. El problema, es que dicho proyecto tiene una intención entre "terrorista" y revolucionaria. La sinfonia,  "Music for One City and Six Drummers", debe ser provocadora, subversiva, tener un dejo de ilegalidad, y llevarse a cabo en distintos puntos de la ciudad: un quirófano con un paciente a punto de ser operado de hemorroides (divertido número musical), un banco (excelente número), las afueras de una sala de conciertos, y -el más atrevido de todos- en una planta eléctrica. Con todo y ser excesivo y peligroso, en este último número los músicos intentan sacar música de cables de corriente eléctrica (como si se tratara de un gran violín o contrabajo) colgados de los mismos con arneses.

La historia no es más que la no muy interesante investigación que Amadeus lleva a cabo del caso, corriendo el peligro de ser entorpecida al ser cautivado por la bien parecida mujer del grupo (Sanna Persson). Hay cierta comicidad surreal, cuando Amadeus descubra que es incapaz de escuchar ruidos provocados por todo objeto -animado o inanimado- que haya sido tocado por los músicos (cosa que queda sin explicación de por medio). No hay momento en el filme en que uno no tenga la cabeza y los pies moviéndose al ritmo de la extraña música, y es perdurable su premisa de crear arte experimental (música en este caso) que rompa con tradiciones, convencionalismos, y todo lo establecido. La secuencia final, con la ciudad encendiéndose y apagándose, es simplemente mágica, intensa y casi hipnótica. Desafortunadamente, fuera del aspecto musical, todo lo demás sale sobrando.

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