domingo, 15 de junio de 2014

PORCO ROSSO * * * *

UN CERDO DE ALTURA.
Un piloto y la maldición que transformó su rostro en el de un cerdo.
El más reciente filme animado de Hayao Miyazaki (el "Walt Disney japonés" para muchos), "The Winde Rises" (el último en su carreram antes de retirarse de manera definitiva, según afirma), trae a la memoria una de sus mejores películas, Porco Rosso. En ambos filmes está presente el tema favorito del realizador y animador, la aviación.  El fundador de los Estudios Ghibli parece sentirse en las nubes en esta película, y nos lleva junto con él a las mismas alturas. Una vez ahí, no quieres aterrizar, incluso después de finalizada la película. Su manera de hacerlo es fascinante y, al mismo tiempo, divertida. El héroe es el Porco Rosso del título (Shûichirô Moriyama), o el "Cerdo Escarlata", un piloto italiano caza recompensas, que se dedica a combatir piratas en el Mediterráneo. Su mayor peculiaridad es que, por obra de algún hechizo (del cual la historia no nos explica mucho), su cara se transformó en la de un cerdo. Por ello, ha dejado la fuerza área y decidido llevar una solitaria existencia, alejada de las personas, en un islote. La película es un cuento de hadas que tiene mucho de la Bella y la Bestia. Fio (Tokiko Katô), la infaltable y fuerte presencia femenina en el cine de Miyazaki, es una niña genio, que a sus escasos 17 años es una prodigiosa ingeniera de aviación. La oportunidad de su vida llega cuando tenga que diseñar el nuevo avión de Porco Rosso, destruido por un grupo de piratas, desarrollándose entre ella y Porco una especie de amor platónico. 

Hay cierta picardía al inicio, cuando Porco conoce a Fio. Pero de la extraña atracción física que el piloto parece sentir por la niña al principio, la relación se transforma en una relación más paterno-filial. Como en todo el cine de Miyazaki, estamos a medio camino entre la realidad y la fantasía. Si bien la historia está ambientada en 1929, durante entreguerras, el diseño de los aviones es fantástico y original, casi nada parecido a un avión real de aquellos años. La historia es tierna, conmovedora, emocionante, y también con destellos de humor. La secuencia de la historia que Porco cuenta a Fio (aquella de su ascenso y regreso del "cielo" de los pilotos muertos) es simplemente fantástica y delirante. Si alguien puede crear historias grandiosas como esta, con un buen balance de todos estos ingredientes, ese es el sensei Miyazaki. 

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