jueves, 11 de octubre de 2012

TAKEN * * *

DIRTY LIAM. Liam Neeson demuestra que puede ser un héroe de acción

El mensaje ha quedado claro. Liam Neeson, el siempre imponente actor irlandés de voz cavernosa, quiere darle un giro de 360 grados a su carrera y convertirse en un héroe de acción. Si Matt Damon lo hizo en la saga Bourne, por qué él no también. El potencial lo tiene, como se puede constatar en Taken (2008), así como el físico, la estamina, la presencia y la fortaleza para enfrentar mafias, gángsters y demás criminales. La película muestra a Neeson, no nada más con una gran confición física, sino como un patea-traseros que primero dispara y luego pregunta. Su personaje, Bryan, es un padre solitario,  cuya esposa lo dejó por un millonario. Su relación post-divorcio es complicada, y batalla para poder acercarse con su única hija adolescente (Maggie Grace). Digo, quién puede competir con un padrastro que le regala a la niña un caballo en su cumpleaños. 

Bryan es un agente retirado de la CIA, quien se gana la vida como guardaespaldas de una cantante juvenil. Sus preocupaciones comienzan cuando su hija viaja a Francia de vacaciones, con una amiga sin mucha malicia y en extremo confiada. Por supuesto, lo peor pasa: ambas acaban secuestradas por una red albanesa de tráfico de mujeres, instalada en París. No hay tiempo para Bryan de recordarle a su ex (Famke Janssen) acerca de las preocupaciones y advertencias que tenía sobre dejarla viajar a Europa. De inmediato, Bryan acaba convertido en un vengador anónimo, una furiosa máquina de matar y aniquilar albaneses. En cuanto pise suelo francés, nuestro rabioso ex agente ya tendrá pista de muchos de los responsables; volteando la ciudad de cabeza, sáltandose toda autoridad posible y quemando llanta con persecuciones en auto. ¿Llamar a la policia? Imposible. No tiene tiempo para la -como siempre- lenta policia. Créame, ni los necesita. Actuará desde el principio por su propia cuenta, ignorando el consejo de un viejo colega francés: "Por favor, no armes un desastre". 

A propósito, la película no es tan "desastrosa" como uno pensaria. Está escrita por Luc Besson, no es de extrañarse todos los agujeros que tiene el guión. Mencionarlos sería revelar mucho de la trama, de la cual apenas y hay algo. La película ofrece acción pura, constante y desternillante, minuto tras minuto, sin descanso. Es un más que efectivo entretenimiento de fin de semana, lleno de adrenalina. Pierre Morel (Banlieu 13, otra película con el mismo subtexto xenofóbico) sabe dirigir con mucha habilidad, tempo y soltura persecuciones, peleas y darle una atmósfera enrarecida a sus locaciones. Si se ve esta película genérica (de la cual se acaba de estrenar la secuela) sin esperar otra cosa, el entretenimiento está garantizado, con todos los sentimientos xenofóbicos que pueda despertar. Pero eso ya es materia de otra discusión.


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