lunes, 21 de mayo de 2012

THE DESCENDANTS * * * * *

George Clooney y Shailene Woodley.

Más allá de sus nominaciones al Oscar y de tener a una estrella de peso como George Clooney (nominado al Oscar como Mejor Actor) en el papel principal, lo más interesante de The Descendants (2011) es que rescata a Hawaii como escenario para su historia. Y no cualquier historia. Hawaii luce fotogénica, casi paradisiaca (notable trabajo de Phedon Papamichael), no importa lo que Matt (Clooney) nos diga al principio, en su mónologo introductorio: "Todos en el continente creen que vivo en el paraíso por estar en Hawaii. Se equivocan. Aquí la gente sufre y se enferma igual". Palabras más, palabras menos, así inicia este filme de Alexander Payne, experto en melodramas masculinos (con excepción de Election y Citizen Ruth, donde el papel principal lo ocupan personajes femeninos), quizás su película más "amable" y ligera, sin mucho del humor sardónico que suele caracterizarlo. Es la primera adaptación que hace de una novela (escrita por Kaui Hart Hemmings), en donde consigue agregar ese toque "Payne" inconfundible. Su objeto de estudio es, nuevamente, el hombre de la mediana edad enfrascado en una crisis emocional, en busca por reencontrarse a sí mismo por medio de una travesía simbólica. 

George Clooney hace un gran trabajo interpretando al abogado workaholic, padre de dos hijas conflictivas, quien ha necesitado el accidente de su esposa (Patricia Hastie) para despertar en muchos sentidos. Su mujer se encuentra en coma en el hospital, luego de un accidente que tuvo yendo en bote a gran velocidad. "Si estás haciendo esto para llamar mi atención, lo estás logrando. Estoy listo para cambiar y ser un buen esposo", le dice Matt a su esposa inconsciente. Por las venas de Matt corre sangre hawaiiana. Se encuentra además lidiando con el problema de vender o no un gran pedazo de tierra, heredada de sus ancestros, para que sea explotada como punto turístico en la playa. Alexandra (Shailene Woodley), su hija de 17 años, y Scottie (Amara Miller), su hija de 10 años, no le ponen las cosas más fáciles, con problemas en la escuela y de actitud. Sin embargo, el mundo de Matt se pondrá  de cabeza cuando se entere que su convaleciente esposa estaba teniendo una relación con otro hombre, y que planeaba pedirle el divorcio.

Clooney, vistiendo destellantes camisas floreadas y coloridas, no muy preocupado por su apariencia, sabe reflejar una calma constante en Matt, a pesar de los problemas que le aquejan. Siempre está al borde de la desesperación, pero es de los tipos que saben mantener el control. Alexander Payne decide basar el humor de la película en esos aspectos sutiles de la personalidad de Matt, en su controlada desesperación por no saber cómo lidiar con sus hijas y lo que hará cuando encuentre al ex amante de su mujer. Es indulgente con sus hijas y lo gracioso es ver cómo lo toman desprevenido con las cosas más inesperadas (Scottie diciendole a su padre que su amiga ve pornografía), las más insignificantes (Alexandra tocando el ojo negro e  hinchado de su novio estúpido), o las más graciosas (Scottie poniéndose arena debajo del traje de baño). Es la fórmula del padre soltero, con el trabajo de educar a sus hijas.

The Descendants no será la mejor película de Alexander Payne, pero es un muy buen filme. Alexander Payne es un gran director de actores. Matthew Lillard, interpretando al amante en cuestión, saca ese buen actor que hay dentro de él (al menos yo no sabía que lo tenía), y Robert Forster está simplemente odioso como el suegro que vive culpando a Matt por el accidente. Ni el suegro, ni las hijas logran sacarlo de sus casillas. Hawaii es un personaje más en la película. Phedon Papamichael consigue bellos y fotogénicos paisajes, mientras que la banda sonora es la menos melodramática que se pueda esperar, con agradables baladas hawaiianas. Así es The Descendants, sutil, cómica cuando debe serlo y que rehuye al melodrama.

  

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