viernes, 6 de abril de 2012

WRATH OF THE TITANS * * 1/2

Sam Worthington repite como Perseo.

La leyenda de los titanes se ha convertido en franquicia. Luego de no haber sido bien recibido el remake de "Clash of the Titans" (2010), llega ahora su secuela, "Wrath of the Titans", ligeramente mejor que la primer película. En primer lugar, Sam Worthington, interpretando nuevamente a Perseo, se nota más en personaje. El tipo ha madurado como actor entre una película y otra. Perseo ahora tiene un hijo, Helius (John Bell). A grandes rasgos, el semidios, quien sigue siendo pescador, se debate entre ser un padre dedicado a educar y cuidar a su hijo, o tomar la armadura y espada, para aventurarse en otra misión: rescatar a Zeus (Liam Neeson), su padre, quien se encuentra prisionero por Hades (Ralph Fiennes), su hermano, en el inframundo. 

Luego de enfrentarse a un monstruo bicéfalo en su pacífico pueblo pesquero (porque hay nuevas criaturas, por cierto), Perseo formará el equipo que lo acompañará en su travesía: Agenor (Toby Kebbell), hijo de Poseidón, y Andromeda (Rosamund Pike), la amazónica y atractiva líder del ejército griego. La película es mejor también en su intento por ofrecer una propuesta visual más interesante. Es más dinámica y cinemática en sus escenas de acción (y que deben hacerla impactante en su versión 3D), algo más fotogénica (las primeras escenas del pueblo, las del vuelo de Pegaso) y, en general, su concepción visual es menos kitsch (recordar el diseño de producción  y el vestuario de los Dioses de la primer película).  No es muy original el diseño de la película (es como ver una amalgama de Lord of the Rings con The Mummy) pero los efectos especiales son impactantes. Esos cíclopes y el gigantesco, infernal, despiadado e impresionante dios Cronos, padre de Zeus y Hades, durante el casi apocalíptico clímax, valen mucho la entrada al cine.

La película, para ser honesto, está bien actuada, en especial por ese "mano a mano" histriónico (más solemne y teatral) entre Liam Neeson y Ralph Fiennes, cuyos mitológicos personajes siguen envueltos en un conflicto shakespereano de celos entre hermanos, el cual ahora se extrapola a Perseo y su hermano Ares (Edgar Ramirez). Mi mayor problema con el filme es lo pobre que acaba siendo el guión. Los guionistas y el realizador (Jonathan Liebesman) quedan debiendo mucho en ese sentido. Lástima  por la falta de química entre Sam Worthington y Rosamund Pike (sin importar el besito final de rigor), lástima por la falta de química, incluso, entre Perseo y su hijo, lástima de que Agenor no sea lo suficientemente útil y gracioso como personaje, y qué lástima por ese ejército tan estático. Aquí, las verdaderas estrellas son Neeson y Fiennes. 

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