domingo, 2 de mayo de 2010

PALABRAS ENCADENADAS * * *

Dario Grandinetti y Goya Toledo jugarán "palabras encadenadas", en el filme del mismo título dirigido por Laura Mañá.







La primera vez que vi Palabras Encadenadas (2003), no acabé muy convencido por este filme de la catalana Laura Mañá. No me agradó mucho aquella vez. He tenido que ver la película una vez más, darle una segunda oportunidad, para rescatar alguna que otra virtud que habrá pasado desapercibida para mí la primera vez. Por ejemplo, su narrativa fragmentada, en donde la torturante situación de Laura (Goya Toledo), una guapa mujer secuestrada, súbitamente se transforma en el pasado. Esto sucede cuando, en forma de flash back Ramón (Dario Grandinetti), el secuestrador, un maestro de filosofía y ex marido de Laura, trata de convencer a un par de policias (Fernando Guillén y Eric Bonicatto) que él no tiene nada que ver con su desaparición.

Basada en una obra teatral escrita por Jordi Garcerán, también autor de la obra “El Método”, Palabras Encadenadas no esconde mucho su condición teatral. Eso puede apreciarse en la limpia puesta en escena de Mañá, en los mínimos emplazamientos de cámara, y además, en lo en extremo dialogada que resulta por parte de Ramón. Lo que distingue a esta, de todas formas, buena adaptación al cine de la obra de Garcerán, es además de una interesante narración, el diseño de arte, a cargo de Lú Mascaró, donde el rojo se convierte en un color protagónico e inquietante,

El título proviene de un juego, en el que un participante empieza diciendo una palabra y el siguiente debe pensar una nueva, usando la última silaba de la anterior. La regla es no repetir palabras y, claro, saber dividirlas en sílabas correctamente. Laura, atada a una silla, decidirá su suerte jugando “palabras encadenadas” con Ramón, quien se nos irá revelando como un psicópata que presume muchas víctimas en su haber.

Como sucedía en El Método (por cierto, adaptada al cine por el realizador Marcelo Piñeyro), habrá sorpresas, giros en la trama, momentos en que la situación de los personajes se invierte, y sabremos que, detrás de todo, se encuentra un deseo de venganza por parte de Ramón. Contrario a los psicópatas que estamos acostumbrados a ver en películas de Hollywood, Ramón es poco explosivo, no dado mucho a los arranques violentos a lo largo de la película, de una mentalidad fría y no muy cuidadoso, ya que tiende a grabar todo en cintas de vídeo, incluyendo las confesiones de sus crímenes.

Las actuaciones son destacables, en especial el tour de force entre Darío Grandinetti y Goya Toledo. Aunque me gustaría saber qué tan fiel es la película a su fuente original, en especial, debido a que me hubiera gustado ver más del juego de “palabras encadenadas”. ¿En la obra teatral también es una simple excusa para desencadenar la torturante situación de Laura?

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