domingo, 18 de abril de 2010

CLASH OF THE TITANS * * *

Sam Worthington como Perseo en el remake de "Clash of the Titans", el clásico del cine fantástico de los 1980.


De niño habré visto una docena de veces -si no es que más- Clash of the Titans, la primera versión dirigida por Desmond Davis en 1981. Incluso, despertó mi interés por la mitología griega por un tiempo. En su momento, la película se consideró un producto serie B por el que nadie apostaba un centavo en cuanto a éxito comercial. Pero el tiempo ha probado lo contrario, y ahora es un filme de culto, un clásico del cine fantástico de los 1980. Clash of the Titans me gusta tanto como Jason and the Argonauts (1963), ambas con criaturas fantásticas creadas por el maestro del stop motion Ray Harryhausen.

Una nueva versión de la película llega 30 años después, dirigida por el realizador galo Louis Leterrier. Con muchas reservas, este remake me ha gustado, aunque no la considero tan buena o mejor que la película original. Si bien los efectos especiales de la era digital juegan un papel primordial y han mejorado muchas cosas (los escorpiones gigantes que nacen de la sangre de Calibos en contacto con la tierra, o Pegaso, aquí un gigante corcel negro volador), otros aspectos dejan mucho que desear. La historia empieza de una forma muy interesante, para poco a poco ser opacada por los mismos efectos especiales. Al final, Leterrier (como en su versión de Hulk) termina dando más importancia a la acción que a la trama.

La historia no es más que la recuperación del mito de Perseo (Sam Worthington, sin mucha personalidad para el papel), hijo de Zeus (Liam Neeson), enviado a la Tierra para ser criado por un humilde pescador (Pete Postlethwaite, en un cameo extendido). Leterrier ha decidido darle más énfasis al odio que Perseo sentirá por Zeus y los demás dioses, por haber provocado la muerte de su padre adoptivo en la Tierra. Perseo decide negar el hecho de que es un semidios, todo el tiempo estará en lucha con su verdadera naturaleza, y cumplirá su misión de enfrentarse al Kraken, una colosal criatura que vive en el océano, más con su parte humana que con la divina.

La parte romántica del filme original, es decir, el enamoramiento de Perseo por la princesa Andrómeda (Alexa Davalos), queda de lado, cuando aquella sea ofrecida al Kraken en sacrificio. Los esfuerzos de Leterrier por darle algo de sabor romántico y humorístico a la película son inútiles, con la atracción que Perseo parece sentir por su “ángel de la guarda”, Io (Gemma Atertton), que no aparece en la película de 1981. Bubo, ese gracioso y encantador buho mecánico fabricado por los dioses, tan sólo aparece en un cameo de 10 segundos. Dicen las malas lenguas, que esto ha sido a petición del mismo Worthington, ya que el tipo odiaba al buho y consideró que era mejor olvidarlo por el bien de la película.

Por esta razón, la historia se sentirá apresurada. Muchas cosas han faltado y otras cambiado. Por ejemplo, los tres regalos que recibe Perseo, un casco, un escudo y una espada, aquí se reducen simplemente a la espada. Tampoco esperemos ver a Cancerbero, el lobo guardián de tres cabezas, o al buitre gigante que transportaba una jaula. Medusa ha sido una decepción. Además de estar mediocremente animada, se le ha dotado de un atractivo rostro y escultural cuerpo (tomados de la modelo Natalia Vodianova), que no me han inspirado temor alguno, como sí sucedia con la temible y horrorífica Medusa diseñada por Harryhausen.

El Kraken sí cuenta con un mejor diseño, más apegado a la criatura real de la mitología nórdica con tentáculos. Su salida del océano resulta espectacular, desde que el mismo fondo marino empieza a abrirse, pero no aparece el tiempo suficiente como para permanecer en nuestra memoria al salir del cine. Hay arpías volando cada vez que Hades (Ralph Fiennes) hace su aparición, entre una densa nube de humo, mientras que las tres brujas que darán a Perseo el secreto para matar al Kraken, parecen algo más cercano a seres diseñados por Guillermo del Toro (me vino a la mente el monstruo del Laberinto del Fauno, con los ojos en las manos).

La nueva Clash of the Titans, con todos sus aciertos y errores, resulta palomera y entretenida si uno no se pone muy exigente. Sin embargo, en muchas partes de la película es evidente que Leterrier estuvo pensando en la trilogía de The Lord of The Rings: mismo estilo de tomas áreas para las ciudades; la forma de narrar el castigo a Acrisius (Jason Flemyng), que acaba transformado en el demoniaco Calibos, es similar a la introducción de The Fellowship of the Ring, y los escorpiones gigantes son utilizados como los olifantes en The Return of the King.

Extrañamente, la película funcionó para mí. Me fue difícil distraerme de lo que pasaba en pantalla y de no quedar atrapado por la lucha emocional de Perseo. El Zeus de Liam Neeson, más juvenil y portando una armadura brillante, rompe con la apariencia clásica del interpretado por Laurence Olivier en el primer filme; mientras que el Hades interpretado por Ralph Fiennes, parece más un vampiro con un aire trágico difícil de pasar desapercibido.

++Lo mejor: El conflicto emocional de Perseo, el colosal Kraken y Pegaso.
++Lo peor: La falta de romance, humor y una trama reducida a su mínima expresión. Ah, y que Bubo no haya recibido el homenaje que merecía.

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