jueves, 1 de enero de 2009

PRIDE AND GLORY * * *


No es nada nuevo ver un thriller como Pride and Glory (2008), del realizador televisivo Gavin O’Connor. La película sigue con precisión milimétrica el ritmo de una teleserie de corte policiaco, que tanto abundan actualmente. Lo que la hace diferente y la aleja considerablemente del formato casero, es la presencia, por demás eficiente, de su gran reparto, encabezado por Edward Norton, que luce casi tan “golpeado” por la vida como en el Bruce Banner que ofreció en The Incredible Hulk.

Además, la película está envuelta de un realismo impresionante, filmada casi en su totalidad en locaciones de la ciudad de Nueva York. La trama involucra tradicionalistas códigos de honor familiar y corrupción policíaca, en una de las ciudades más inseguras y agitadas de E.U., poblada por inmigrantes de todas latitudes. Si dejamos de lado las grandes actuaciones que ofrece Jon Voight (en una de sus mejores actuaciones en mucho tiempo), el siempre notable Edward Norton y a Collin Farrell exhibiendo su acento irlandés y una buena actuación, la película no es más que un entretenido thriller policiaco, con muchos clichés, pocas sorpresas y muy predecible.

En la historia encontramos a los latinos como los eternos narcotraficantes; el grupo de policías corruptos y sin ética, burlando la ley que deben servir, y un policía confundido (Norton), que se debate entre tener que encubrir a su hermano y cuñado, también policías, por orden de su estricto padre (Voight), un ex oficial de policía, o hacer cumplir la ley. Mientras, nuestro policía (Norton), investiga en el violento Barrio del Bronx a una red de narcotraficantes puertorriqueños y el asesinato de un compañero.

Todos estos elementos ya son moneda corriente, tanto en tele como en cine. Pero el paso de Gavin de la tele al cine luce demasiado bien como para dejarlo pasar desapercibido. Su realización es convincente, su aprovechamiento de las locaciones es admirable; nos deja además una de las escenas más inquietantes del año: Collin Farell amenazando con quemar a un bebé con una plancha; y lo mejor es que sabe trasmitir el ambiente enrarecido de los barrios bajos de Nueva York. Uno siente que está ahí presente.

++Lo mejor: Jon Voight "resucitado" después de un tiempo de letargo histriónico, y Collin Farrell, demostrando que sabe actuar cuando se lo propone.

++Lo peor: sus clichés sobre latinos y que se siente como una teleserie policiaca.

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