miércoles, 11 de junio de 2008

CINESPAÑA: EL LÁPIZ DEL CARPINTERO * * * *

El primer largometraje del realizador Antón Reixa, El Lápiz del Carpintero (España, 2003), transmite con habilidad el pensamiento cultural que imperaba en la España de los años 1930, justo cuando Franco tomó Madrid y la guerra fue ganada por los fascistas. Basada en la novela de Manuel Rivas, la película se concentra en un sector, por lo regular, olvidado en los filmes ambientados en la Guerra Civil: la Guardia Civil, junto a la violencia que sembraba en las prisiones, a donde iban a caer comunistas o personas acusadas de serlo.

Ambientada en Fronteira, Galicia, poco antes del golpe de estado de Franco en 1936, la película arranca con la lucha por el voto femenino encabezada por el Dr. Daniel La Barca (Tristán Ulloa), médico y activista político de origen mexicano, quien empieza a ser investigado por Herbal (Luis Tosar, con su habitual energía), un guardia civil afectado por un sensible acontecimiento de su infancia.

La apuesta de la novela de Rivas (adaptada por Reixa junto a Xosé Morais), es mostrar el lado noble y humano de Herbal, quien se convertirá en una suerte de “ángel guardián” de la pareja formada por La Barca y Marisa (María Adañez), luego de que el primero es apresado. No nada más el conflictivo ambiente político separará a la pareja de enamorados, sino la obstinación del padre de ella a unirla en matrimonio con el comandante de la guardia civil gallega.

Reixa parece que avanza por los terrenos de cualquier filme carcelario, con una trama escapista y personajes carismáticos. Pero Reixa consigue darle a todo un tono relajado y, en ocasiones, un humor desenfadado, a un argumento que incluye varias ejecuciones de compañeros de La Barca en la cárcel. Esto lo consigue gracias a diálogos que incluyen errores de varios personajes al pronunciar ciertas palabras, o al construir refranes, así como un toque de musical en esa canción que todos los presos entonan una noche.

La fuerza del filme radica en sus diálogos vivaces, en sus referencias literarias a varios autores de tendencia socialista de aquella época. Conlleva sus riesgos intentar narrar una historia romántica teniendo a una pareja separada prácticamente la totalidad del filme. Con todo, Reixa consigue mantenernos interesados en el futuro incierto de la pareja. Aunque, para ser sinceros, será el fascinante personaje de Herbal el que se acabe robando la película. Es Herbal quien cierra el triángulo emocional, con toda su dureza e incapacidad para expresar emoción alguna, y claro, es quien se encarga de guardar el lápiz del título, objeto que ayudará directamente a que vuelvan a reunirse La Barca y María.

Luis Tosar es el gran actor de este filme, se roba cada cuadro con ese rostro inexpresivo y con un constante gesto de incertidumbre, ingenuo y pensativo.

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