martes, 20 de mayo de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: LES PARAPLUIES DE CHERBOURG * * * *

Revisar un filme como Los Paraguas de Cherbourgo (Les Parapluies du Cherbourg, Francia-Alemania Occidental, 1964), es hacer un viaje a la época de las coloridas historias de amor de los 1960. En comparación a los musicales de Hollywood de esa década y la anterior, el filme, dirigido y escrito por Jaques Demy, ofrecía algo muy distinto y audaz: una narración con música continua, sin interrupciones, con todos sus diálogos cantados.

Apenas y hay unos cuantos silencios que rompen la dulce y dramática continuidad de una sencilla historia de amor, ambientada en la población de Cherbourg, Francia, entre un humilde mecánico, Guy (el italiano Nino Castelnuovo), y una bella chica vendedora de paraguas, Geneviève (Catherine Deneuve, en verdad preciosa), cuya tranquila felicidad se verá perturbada por la partida de aquel a realizar su servicio militar a Algeria.

La película es todo un banquete musical. Lo mismo escuchamos jazz orquestado, en ese vibrante inicio a la salida del taller, antes de que Guy vaya a encontrarse con Geneviève para ir a la ópera (nada menos que a ver “Carmen”), que una dramática melodía en esa escena clave en la que ambos se juran fidelidad, durante los dos años que él estará fuera, con la canción “Te Esperaré”, con música escrita por Michel Legrand.

El reto para Guy y Geneviève, será superar una prueba que desde el principio se antoja imposible de superar: la espera del ser amado que se va a vivir lejos. Son muchas circunstancias en su contra, la principal para ella será su madre, viuda y que no ve con buenos ojos que su hija se case tan joven, ayudando a bajarle la moral a una de por sí triste y desanimada Geneviève, que espera con ansia las cartas de Guy.

La producción musical es magnífica, el desempeño musical de todo el reparto es notable, aunque tuvo que ser doblado en ciertas canciones por cantantes profesionales. Sin embargo, el dominio musical de Demy es admirable, no hay una sola palabra que no sea cantada, ya sea el simple saludo del cartero que entra a la tienda, o un transeúnte que entra a preguntar algo.

Algo que llama la atención, es que no nos encontraremos ante arrebatos melodramáticos, quizá para no romper con el encantador equilibrio que destaca en todo el filme, dirigido con maestría por Demy en esa manera de emplazar y mover su cámara por todos los sets, de jugar con sus actores en varios encuadres (ese espejo en el que Geneviève y su madre quedan “encerradas” como reflejo de la monotonía de su vida juntas).

De ahí que podamos quedar sorprendidos con ese final tranquilo, en el que no habrá ningún reproche, ningún reclamo, ni una sola lágrima entre Guy y Geneviève, mientras ven nevar desde una enorme ventana. Será que el tiempo lo cura todo, hasta la herida de amor más profunda.

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

La he visto sólo una vez. Fíjate que yo me quedé con la idea, al final, de que Geneviève le había jodido la vida a Guy.
Y sí, puedo decir que nunca he visto a una mujer más hermosa en la pantalla, que a Catherine Deneuve en Los Paraguas... y en Bella de Día.

Àlex Frias dijo...

El de Catherine Deneuve es, para mi gusto Joel, uno de los rostros más bellos del cine.

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