miércoles, 2 de abril de 2008

EL HOLLYWOOD DE AYER: THE CATERED AFFAIR * * * 1/2

Bette Davis interpretaba con solemnidad a una madre de familia, preocupada porque su hija tuviera la boda de su vida en The Catered Affair (E.U., 1956), un melodrama familiar en el que también compartía pantalla con otro gran actor, Ernest Borgnine.

Tom Hurley (Borgnine), es un padre de familia con la ilusión de dejar su viejo taxi por uno más grande y más bonito, para el que lleva ahorrando casi 12 años. Su ilusión se vendrá abajo cuando Jane (Debbie Reynolds, también espléndida), su guapa hija, les llegue con la noticia de que se casará con su novio Ralph (Rod “The Birds” Taylor) dentro de una semana. Jane y Ralph quieren tener una boda sencilla y nada costosa, a la que asistan sólo un puñado de invitados.

El filme está basado en un drama televisivo escrito por Paddy Chayefsky. Para su adaptación cinematográfica, el mismo Chayefsky escribió el guión en colaboración con Gore Vidal. Muchas de las situaciones más intensas en The Catered Affair tienen lugar en la cocina de la familia. Ahí saldrán a la luz confesiones, frustraciones guardadas, discusiones que pondrán en entre dicho la supuesta felicidad de Tom y su esposa Agnes (Bette Davis). El hogar de los Hurley, en el barrio del Bronx en Nueva York, terminará siendo un caótico lugar en el que habitan el chantajista Jack (Barry Fitzgerald, simpaticón), hermano de Agnes, ambos de origen irlandés, y el hijo menor, Eddie (Ray Stricklyn), pronto a entar en el ejército.

Dirigida por Richard Brooks, The Catered Affair hacia un reflejo de los valores familiares de los 1950, evidentemente conservadores, por ejemplo, en esa escena en la que Jane y Ralph están a punto de tener relaciones, pero la recatada Jane le dice que mejor vayan al cine, mientras guardan una catre reclinable.

Parece que The Catered Affair es la versión melodramática de Father of the Bride (Vincente Minnelli, 1950), especialmente por esa figura paterna que intenta cuidar la economía familiar ante la inminente boda, tratando de ahorrar el mínimo centavo. Sin embargo, el padre encarnado por Borgnine está lejos de parecerse al de Spencer Tracy en aquella película. Tom se nos revelará como un hombre que toda la vida ha hecho sacrificios por su familia; que ha pasado por situaciones difíciles para darle siempre lo mejor a sus hijos y a su esposa, y de paso, manteniendo a otros miembros parientes en su casa. Esa discusión que Agnes y Tom tienen en su habitación, cuando la primera le reprocha el ser un egoísta por no querer pagar más por la boda de Jane. “¿Y quién ha pensado en lo que yo quiero?”, concluirá un dolido Tom.

Originalmente filmada en blanco y negro, siempre me ha tocado ver una mala versión colorizada por televisión, con los dientes de los actores en tono azulado. Como sea, The Catered Affair no esconde su condición de melodrama telenovelero por sus obvios orígenes televisivos, pero es de admirar lo excelente que está todo su reparto, empezando por los magníficos Bette Davis y Ernest Borgnine.

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