miércoles, 9 de abril de 2008

CINESPAÑA: LA ARDILLA ROJA * * * 1/2

Los terrenos en los que se mueve el realizador vasco Julio Medem en La Ardilla Roja (España, 1993), son los que le han servido para cimentar prácticamente toda su filmografía: los sueños, el delirio, el surrealismo y las historias tormentosas de amor. Todo aquello está presente en La Ardilla Roja, ganador en Cannes el premio al Premio de la Juventud, aunque irónicamente fue pobremente reconocido en los Goya (Ganador por Mejor Banda Sonora, dos nominaciones a Mejor Actriz y Mejor Actriz de Reparto). Su influencia en las delirantes historias de suspenso y estilo film-noir de David Lynch (Wild at Heart/1990, por ejemplo), son notorias aquí en Medem, aunque propone un lenguaje visual y narrativo propio.

La Ardilla Roja es todo un puzzle narrativo, que su puesta en imágenes es para el espectador un verdadero reto. La historia arranca con el encuentro de sus dos misteriosos protagonistas, Jota (Nacho Novo), y una amnésica chica (Emma Suárez), el primero a punto de suicidarse arrojándose de un puente. Sin embargo, ella es la que cae accidentalmente en su motocicleta y, medio inconsciente, es auxiliada por Jota, quien la bautizará como Lisa, título de una de sus canciones favoritas.

Poco a poco, iremos conociendo los antecedentes de los personajes. Jota, atraído por Lisa, le inventará que es su novio, y luego de sacarla del hospital emprenderán un viaje por carretera para llegar a un sitio de camping en el bosque, llamado “La Ardilla Roja”, donde se encontrarán con un grupo de no menos extraños personajes: unas gemelas que trabajan de camareras en el lugar, una familia citadina formada por un padre taxista, una esposa solidaria, un hijo aficionado al hipnotismo y su hermana, que fungirá como testigo lejano. El problema es que Jota y Lisa no sospechan que Félix (Carmelo Gómez), esposo de esta, se encuentra en su frenética búsqueda.

Para Medem no hay límites en su narración, ni de espacio ni de tiempo. Félix acechará a Lisa y Jota, incluso, en los sueños de ella. Jota, un antiguo músico de rock, del cual veremos fragmentos de su pasado musical en forma de una suerte de videoclips, poco o nada podrá hacer.

La mezcla de formatos es audaz, aunque la narración jamás pierde su coherencia, a pesar de los saltos entre lo real y lo alucinante, del sueño, de lo onírico. Al ser un filme de Medem, la película estará llena de referencias eróticas, más en sus diálogos que en lo visual, como una forma de conocimiento y descubrimiento entre la pareja protagónica. En ese sentido, La Ardilla Roja es la película más tranquila del realizador, si la comparamos con Lucía y el Sexo (2002) o incluso Caótica Ana (2007), su más reciente película.

Este juego visual de contrastantes imágenes, tan bellas (las del fondo del agua) como inquietantes, con alguna subtrama sale sobrando (el empleado de la gasolinera escuchando la radio), van encontrando un acomodo en el escenario, incluso en la mente de nuestros personajes. Llegará la sorpresiva resolución, en una vuelta de tuerca que se da con suma sutileza, luego del trepidante relato en el que lo mismo vemos a Elisa tomar el punto de vista de una ardilla y trepar árboles, que ver a Félix mutilarse gratuitamente una mejilla. Pero así es el mejor Medem, excesivo, inesperado, y que nunca caerá en lo cursi.

2 comentarios:

CLNY dijo...

Una que me hace falta ver y creo que la pasaron en TVE hace unos días, no estoy seguro, pero buena opción veré si está en Netflix!! Saludos!

Àlex Frias dijo...

En efecto, la transmitieron por Televisión Española, precisamente el domingo pasado. Te la recomiendo mucho y ojalá puedas conseguirla. En Nueva York puede ser que se encuentre en un videoclub. Saludos y felicidades por la gran labor de difusión del cine español y latino allá en la Gran Manzana.

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