martes, 29 de abril de 2008

CINE INÉDITO: THE MAGNIFICENT AMBERSONS * * *

“Los tiempos cambian, debemos aceptarlo”, concluye sentenciante el Mayor Amberson (James Cromwell), en medio de una cena familiar, que se frustra gracias a los humillantes comentarios del engreído hijo, George (Jonathan Rhys Davies), relacionados con ese milagroso para unos, diabólico para otros), invento llamado “automóvil”, en The Magnificent Ambersons (E.U., 2002), adaptación de la novela escrita por Booth Tarkington.

El realizador mexicano Alfonso Arau (Como Agua para Chocolate, Un Paseo Por las Nubes), dirige esta suerte de “remake televisivo” de la adaptación dirigida por Orson Welles en 1942, su siguiente largometraje después del Ciudadano Kane (1941), que desafortunadamente para el gran Welles no tuvo la aceptación que se esperaba en sus proyecciones previas al estreno. El filme fue reeditado varias veces hasta quedar en una desangelada versión, que de todas formas conservó el sello artístico de Welles.

Engalanada con una gran producción, el trabajo de Arau durante cerca de 2 horas y media de duración, hace olvidar que estamos frente a un modesto telefilme. Esta nueva adaptación de la novela de Tarkington, es una pequeña pero interesante alegoría sobre las relaciones materno-filiales, con guiños al incesto en una trama que avanza, más que nada, gracias al amor y cariño edípicos que el estirado George demuestra hacia su madre, Isabel (Madeline Stowe).

Ambientada en la Indianápolis de 1904, los celos inmaduros del mimado George arrancan con la llegada sorpresiva de Eugene Morgan (Bruce Greenwood), antiguo pretendiente de Isabel e inventor de los llamados “carruajes sin caballos”, es decir los automóviles, con su guapa hija, Lucy (Gretchen Mol), amiga de la infancia de George.

George empezará a mostrar un posesivo y desmedido interés sentimental hacia Lucy, mientras verá con celosa furia el interés que Eugene comienza a tener en su madre, casada con un adinerado empresario, Wilbur Minafer (David Gilliam).

Aunque la interpretación de Johanthan Rhys Davies tiende a caer en la sobreactuación, lo meritorio será que este defecto estará a su favor. Su George Amberson nos caerá mal desde el principio, en su engreída presencia en pantalla, en sus berrinches de niño rico, en su carácter intolerante hacia los automóviles, invento que será todo lo detestable que Eugene representa para él. Sin embargo, será Lucy, junto a Isabel, la tía Fanny (Jennifer Tilly) y el buenazo tío George (William Hotkins), los únicos que soporten los desplantes de “Georgie”.

A diferencia del filme de Welles, Arau quiso hacer una adaptación todavía más completa de la novela. En un largo flash-back muestra los antecedentes de la relación entre Eugene e Isabel, un poco del nacimiento y niñez de George. El punto a favor de Arau en su realización, es haber logrado algo más que un convencional telefilme de época, jugando un poco con el artificio y el delirio (esa forma de filmar el nacimiento de George, como desde dentro del vientre de Isabel), lo mismo para esa forma gradual de ir hundiendo a George en sus obsesiones y locura, en esa sobreprotección que demuestra hacia su madre al querer alejarla de Eugene.

El problema es que ya al final Arau parece descuidar el filme, mostrándose indeciso en el final adecuado para el relato. No es que sea malo el final (ese close-up al también poeta Eugene, mientras se despide de Isabel), el problema es cómo ha dudado Arau en ese trayecto, sin darle mejor a Georgie la última y decisiva escena.

1 comentario:

Joel Meza dijo...

Me quedo con la duda. Arau es malo y en mi caso, de sus películas, pagan justas por pecadoras.

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