viernes, 21 de marzo de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: DR. STRANGE LOVE OR: HOW I LEARNED TO STOP WORRYING AND LOVE THE BOMB * * * * 1/2


En Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (E.U.,-Reino Unido, 1964), Peter Sellers, de los mejores cómicos que ha dado la cinematografía británica, tuvo una de sus más versátiles actuaciones, haciendo tres papeles al mismo tiempo, uno de ellos el doctor que da título al filme.

Dirigida y escrita por Stanley Kubrick, en colaboración con Peter George (autor del libro original) y Terry Southern (guionista precisamente de otra sátira, Casino Royale), es una de las más mordaces sátiras políticas que se hayan realizado en plena época de la Guerra Fría, y de la crisis política con Cuba.

El filme goza de un entretenido y enérgico duelo actoral entre Sellers y George C. Scott, este último interpretando al voraz General Buck Turgidson. Por ser una sátira, Dr. Strangelove puede parecer de lejos un filme inferior de Kubrick, una película en la que el maestro se salía de registro y desplegaba una perfecta plataforma para que Peter Sellers (con el que dos años antes había trabajado en Lolita/1962) se luciera interpretando tres personajes: el disciplinado y nervioso Capitan Lionel Mandrake, al calvo presidente de los E.U. Merkin Muffley y al ex nazi Doctor Strangelove.

La paranoica premisa desataba un inminente enfrentamiento bélico y –tal vez- la Tercera Guerra Mundial. Un desquiciado General, Jack D. Ripper (Sterling Hayden), que suena algo así como “Jack El Destripador”, tiene la soberana ocurrencia de lanzar un ataque con bomba nuclear a Rusia, utilizando una enorme flota aérea.

La noticia no le caerá nada bien al presidente Muffley, quien asesorado por el General Turgidson en el Consejo de Guerra del Pentágono, tratarán de resolver la situación, primero, intentando comunicación con Dimitri, el presidente Ruso, vía telefónica, con la presencia del embajador de Rusia ante el desconcierto de Turgidson, por dejar a entrar a un “comunista” a un sitio relacionado con la Seguridad Nacional.

Kubrick desarrolla un notable trabajo narrativo con tres narraciones independientes: la crisis que tiene lugar dentro del Consejo de Guerra mientras se intenta calmar al presidente Dimitri (escena bien tramada en la que participan los tres personajes de Sellers), el interior del avión con la bomba de hidrógeno dirigiéndose hacia Rusia (sin que los pilotos sepan nada de la misión cancelada), y aquella dentro de la oficina del General Ripper, acompañado por Mandrake. En esta última, Kubrick consigue secuencias claustrofóbicas, con el psicótico Ripper y sus lúcidas y llamativas reflexiones en torno a la guerra (“...la guerra siempre ha pertenecido a los generales”...).

Fotografiada excelentemente por Gilbert Taylor (fotógrafo de A Hard Day’s Night /1964, o Star Wars 1977), y musicalizada soberbiamente por Laurie Johnson, en la que destaca esa marcha militar, sugerente leiv-motiv que parece salirse del registro cómico del filme, Dr. Strangelove es un filme que termina destacando más por su gran contenido crítico, mordazmente dirigido al militarismo estadounidense, o incluso a la más feroz empresa multinacional de todos los tiempos, Coca-Cola (¡Esa forma en que Mandrake intenta comunicarse con el presidente desde una humilde cabina telefónica!). “Lo siento, pero por esto tendrá que pagarle a Coca-Cola”, le dirá Mandrake a Ripper, quien se ofrece a conseguirle unas monedas disparándole a una máquina expendedora de refrescos.

2 comentarios:

Joel Meza dijo...

"No fighting in the War Room!"

Àlex Frias dijo...

Gracias por cita Joel!!

Páginas vistas en total