jueves, 20 de marzo de 2008

CORPSE BRIDE * * * * *



En Tim Burton, ya no es de extrañar que en Corpse Bride (E.U., 2005), el mundo de los vivos sea de una paleta gris, neutra, un mundo apagado cromáticamente, mientras que el mundo de ultratumba sea una explosión de colores que raya lo psicodélico, lo alegre, en permanente fiesta. Teniendo detrás el cortometraje The World of Stainboy (2000), y habiendo coqueteado con la técnica de la animación stop-motion (cuadro por cuadro) con The Nightmare Before Christmas (Selick, 93), en el que fungió como guionista y productor, y con Jim and the Giant Peach (idem, 96), en el que tan sólo se desempeñó como productor, Corpse Bride es una fascinante historia de corte gótico y romántico, ambientada a finales del siglo XIX, que vuelve a sorprender por su fino trabajo de animación en stop-motion, y que erige a Burton como uno de los escasos cineastas que todavía tienen fe en esta antigua técnica (junto al británico Nick Park, creador de Wallace and Gromit), tan disfrutable e impresionante como las modernas técnicas de animación digital en 3D.

Burton no deja de lado totalmente las herramientas digitales, ya que también hecha mano de ellas aunque sabia e inteligentemente, sin que afecte su artesanal trabajo de animación, basado en figuras a escala, de hecho, realizadas en un prestigiado taller en Barcelona, España.

La idea argumental es tan cómica como espeluznante. Victor Van Dort (voz de Johnny Deep), joven tímido y torpe, aunque bastante talentoso y romántico (escribe, toca el piano), contraerá pronto matrimonio con Victoria Everglot (voz de Emily Watson). Ambos son de familias adineradas, y su boda no es más que por conveniencia de sus padres: los amargados y cariduros Van Dort (voces de Tracey Ullman y Paul Withe House), y los inocentes y más nobles Everglot (voces de Joanna Lumley y Albert Finney).

Victor y Victoria aceptarán el matrimonio, y durante un fallido ensayo de la ceremonia, llevado a cabo por el pastor Galswells (voz de Christopher Lee), Victor huye presa de los nervios hasta un bosque cercano. Mientras repasa sus líneas, accidentalmente le colocará el anillo a una esquelética mano, perteneciente al cadáver de una chica vestida de novia (voz de Helena Bonham Carter), quien se declarará a sí misma como esposa del confundido Victor.

El mundo de los muertos, casi todos ellos unos simpáticos esqueletos vivientes (el mismo Burton se confiesa influido por el arte mexicano del Día de los Muertos), en Corpse Bride parecerá una extensión animada de Beetle Juice (1988), del mismo Burton, con todo su humor negro, desenfado e irreverencia. En ese universo reside el espíritu de la cinta, aunque su concepción esté cercana a la de un simple pueblo, con sus callejuelas, una cantina a donde llega primero todo aquel que muere, etc., mientras el realizador y sus guionistas, John August (guionista de Big Fish) y Pamela Pettler, se permiten agradables anacronismos, como la banda de jazz, por ejemplo.

En ese sentido, Corpse Bride es un musical en toda la extensión de la palabra, con dos numeritos geniales a cargo de los esqueléticos muertos, uno finalizado de manera genial en el gris mundo de los vivos, con los difuntos saludando a sus asustados amigos y parientes.

Hay algo en Corpse Bride que, más que reprochable, resulta afortunado. Por más que los guionistas quisieron guiar la historia a través del personaje de Victor durante la primera parte, en realidad todo el filme pertenece a la trágica y melancólica Novia Cadáver, junto a ese gusanito que vive dentro de su cabeza (“¡Ay, estos gusanos!”, le dirá la avergonzada “novia” a Victor), a pesar de todo, guapa, generosa y de “buen ver”, cuyo único defecto será estar muerta.

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