sábado, 9 de febrero de 2008

CLÁSICOS DE CLÁSICOS: THE INCREDIBLE SHRINKING MAN * * * *

Con el reciente estreno de I Am Legend (Francis Lawrence, 2007), adaptación de la novela homónima de Richard Matheson, vale la pena recordar otro filme clásico basado en la obra literaria de este escritor, especialista en relatos de ciencia ficción, The Incredible Shrinking Man (E.U., 1957), de la cual ya se prepara un remake, a producirse este 2008. Dirigida por Jack Arnold, la película es un entretenido relato por sus logradas escenas de acción, sobre la paranoia relacionada con la energía nuclear en la postguerra, como sucedió en aquella época con otros filmes que contaron historias basadas en los miedos por la falta de control de la energía nuclear y sus experimentos. En The Incredible Shrinking Man no se hacía referencia directa al tema nuclear, pero se sentía implícito desde el inicio, en el fatal destino de su protagonista, Scott Carey (Grant Williams), cuando este y su esposa fueron sorprendidos en medio del océano, navegando tranquilamente en su yate, por una inmensa niebla, que nada más alcanzaba a cubrir a Scott.

Nunca se sabe nada de esta niebla, ni de lo que estaba formada, ni de donde provenía. Lo único que sabremos es que Scott, a partir de ese día, comenzaba gradualmente a encogerse. Su ropa le empezaba a quedar grande, y los médicos no acertaban a encontrar una explicación o cura para este extraño padecimiento, que lo estaba convirtiendo en un fenómeno sensacionalista para los medios de comunicación, al tiempo que su matrimonio se hundía por este hecho. La primera parte de la película, adaptada por el mismo Richard Matheson, era la torturante crónica de un hombre, que veía a las personas y a los objetos a su alrededor agigantarse, involucrándonos con su narración en off sobre la angustia de ver su imparable empequeñecimiento, hasta ser tan minúsculo como para caber dentro de una casa de muñecas. Aquí, su terrible y peligrosa aventura comienza, cuando su propia casa se convierte en un extraño mundo lleno de peligros, empezando por su propio gato. La mayor parte de la aventura de Scott se desarrollará en el sótano, donde enfrentará una araña, inundaciones, trampas, etc.

Como película de aventuras, The Incredible Shrinking Man funcionaba a la perfección, en especial, por sus notables efectos especiales y gran despliegue de producción, que literalmente nos sumergía de manera convincente en un asfixiante mundo gigantesco, logrado tan sólo con simples efectos fotográficos y fotomontajes, muy logrados para la época. Este desesperanzador relato, no tenía un happy-end propio de un filme palomero de aventuras. No había salida para Scott, no había marcha atrás para su padecimiento, seguiría encogiéndose sin remedio, hasta ser de un tamaño microscópico y acabara desapareciendo, fundido con el universo, las estrellas, la naturaleza, según decía en su narración. Es un toque new-age adelantado para su época, al ver cómo Scott trascendía a través de su propia desgracia.

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