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¿QUIÉN SE TOMÓ MI CERVEZA? César,
un chimpancé en evolución y IQ elevado. |
Siguiendo
la moda de las precuelas, llega un intento más por rescatar la serie de filmes
de culto “The Planet of the Apes” (1968-1972), de la cual también hubo serie
televisiva en los 1970. Luego del fracaso de crítica que tuvo la versión de Tim
Burton (a mi me gustó, a pesar del extraño final que tiene), llega un tal Rupert
Wyatt (¿A alguien le suena?) con una idea en la que parece querer empezar desde
cero. En esta película, todo empieza con unos experimentos científicos para
encontrar una cura para el mal de Alzheimer, y luego, una enfermedad que se
esparcirá por todo el mundo.
Los
experimentos, por supuesto, son llevados a cabo en simios, creados digitalmente
y que cobran vida gracias al motion-capture. Andy Serkis, convertido en un
experto en esta técnica luego de dar vida a Gollum en Lord of the Rings y a
King Kong en la nueva película, es quien da vida a nuestro simio protagonista,
César, un chimpancé. De hecho, César (y muchos de sus compañeros simios) no
luce tanto como un simio real, sino algo más cercano a los primates de la
prehistoria. El caso es que, luego de quedarse huérfano siendo bebé, César es
adoptado por Will (James Franco), un investigador del proyecto, cuyo padre
(sorpresiva reaparición de John Lithgow en cine) sufre de Alzheimer.
No es
difícil adivinar que entre Will y César se irá formando un entrañable cariño y
lazo paterno-filial. César tiene la inteligencia suficiente para comunicarse
con lenguaje de señas, transmitir emociones, sentimientos, y en un momento dado,
empezar a caminar erguido. Algo que hubiera dejado a Darwin completamente
fascinado. No hay nada extraordinario en esta parte. Lo interesante comienza
cuando César quiere dejar de sentirse como una mascota y arrojar la correa a un
lado. Cuando el chimpancé acabé encerrado en un centro de control animal, el
filme cobra un giro descomunal, convirtiéndose en un drama carcelario
protagonizado por simios.
Lo
mejor de la película, es la climática escena de los simios tomando el puente
Golden Gate en San Francisco (y la ciudad entera), destinada con seguridad a
convertirse en icónica en la Historia del Cine. Y si algo me sorprendió en esta
escena, no fue tanto ver orangutanes colgando del puente, o a un gorila
tratando de saltar hacia un helicóptero en pleno vuelo, sino la total ausencia
de reporteros o de cámaras de televisión. En serio, los medios y la prensa
están muy ausentes en este filme. Mientras, lo más cómico (o tragicómico) es
ver la mala suerte que tiene siempre el pobre vecino de Will y César.
En su
etapa post-Harry Potter, Tom “Draco Malfoy” Fenton, es el malo de la historia,
encarnando el prototípico papel de “carcelero” torturador. Brian Cox es su
padre y director del centro de control animal. Freida Pinto es el interés
romántico de Will, y en cierto modo, la “rival” del celoso César. La mayor
virtud de la película, es su magnífica narración, sin fallas, lagunas o puntos
flojos. Es cierto, es una historia pequeña, sencilla de seguir, pero ante todo
bien editada. Y no sólo César se roba la película como el mono más inteligente.
Hay un orangután que también maneja el lenguaje de señas y tiene mucho que
compartir.
¿Qué
depara el futuro? ¿Esto es el inicio de una nueva serie de películas? ¿Todo se
quedará en esta precuela? Con toda la tecnología digital a la mano, se abren
muchas posibilidades para una nueva saga. Aunque, sinceramente, no estoy seguro
de querer ver siempre simios digitales en futuras películas, y que se pierda el
encanto y personalidad propia que daba a las viejas películas ver actores
maquillados. El tiempo dirá.