viernes, 16 de septiembre de 2011

WAR OF THE WORLDS * * * *


Tim Robbins, Tom Cruise y Dakota Fanning.


Steven Spielberg reinventa completamente los libros que adapta al cine. Su adaptación de “The Lost World” no me gustó tanto como la que hizo de “Jurassic Park”, ambas novelas de Michael Crichton. De la primera tan solo tomó el escenario principal (una isla con dinosaurios) y 3 o 4 personajes, para crear una historia completamente distinta, que apenas y tiene que ver algo con la fuente literaria principal. En el caso de “War of the Worlds”, novela clásica de H.G. Wells,  ha pasado lo mismo. No me pareció una adaptación lograda del libro, pero la película es buena, ya que respeta el espíritu de la novella de Wells y la paranoia de finales de siglo XIX (publicada en 1898) acerca de una invasión de marcianos a la Tierra. Algo que fue usado por Orson Wells en un programa de radio en 1938, alarmando a media población norteamericana con una transmision ficticia que hizo sobre una invasión extraterrestre.
 
Spielberg toma lo necesario de la novela para exponer sus propias inquietudes dramáticas y temáticas. Es decir, el personaje principal es un padre, Ray (Tom Cruise) divorciado, totalmente desconectado de sus hijos (Dakota Fanning y Justin Chatwin) y del mundo. En medio de una invasión extraterrestre, con máquinas gigantes que caminan con 3 largas patas brotando del suelo, Ray tendrá el escenario ideal para acercarse a sus hijos y reencontrar su lado paterno, que estaba tan enterrado en la tierra como los mismos extraterrestres.
 
Es un giro considerable en la filmografia de Spielberg. Esta es su primera película en la que los extraterrestres están lejos de ser los “E.T.s” amistosos de “Close Encounters of the Third Kind” y “E.T.”. Los extraterrestres de War of the Worlds pulverizan personas con un rayo láser, o los toman prisioneros para extraerles la sangre y usarla como alimento para una planta alienígena. Si alguien quisiera comunicarse con ellos haciendo música con un sintetizador, el desafortunado ya estaría hecho cenizas.
 
Los hijos de Ray no ayudan mucho en su travesía para sobrevivir el ataque. La niña es una preguntona, escandalosa y con ataques de ansiedad, mientras que el chico es un rebelde que prefiere estar peleando con los soldados que ayudando al padre. En ese sentido, hay partes que parecen más escenarios de alguna película de la Segunda Guerra Mundial. Las personas huyendo llegan a parecer prisioneros judíos de guerra, y hay un tren en llamas que cruza imparable, fantasmagórico.
 
Fuera de todo esto, la película es un gran espectáculo, aunque la historia no es nada del otro mundo. Hay instantes magistrales, como el ataque submarino en el ferry, los cadáveres que van apareciendo en un lago ante la asustada niña, el primer ataque de las máquinas en las calles, o esa parte del refugio que toma Ray con un extraño (Tim Robbins). Esta última, es una parte llena de suspenso ocurriendo en un sólo espacio, en especial, cuando entra ese enorme tentáculo telescópico en busca de víctimas. Un extraterrestre descubre una bicicleta, el téntaculo se observa a sí mismo en un espejo, y una decisión trágica detrás de una puerta cerrada.  

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