sábado, 11 de julio de 2015

MR. TURNER * * * 1/2

ARTE ENSALIVADO.
Timothy Spall magistral como JMW Turner.
No es la biopic clásica sobre el artista atormentado y en crisis existencial. Mike Leigh, con una educación artística paralela a su carrera de director, se aproxima en Mr. Turner a la vida de J.M.W. Turner, uno de los pintores británicos modernos más importantes en la historia del arte. Específicamente, trata sobre los últimos 30 años de su vida. En esta   visualmente impresionante reimaginación de la vida de Turner, Timothy Spall está magistral, interpretando con gruñona y brutal convicción al pintor.  Prácticamente se enfunda en el papel, lo vive y exuda.

El Turner de Leigh y Spall, es una reinvención del pintor llena de pinceladas únicas, y guiños caricaturezcos, como esa forma que tiene de comunicarse con gruñidos y miradas enojadas, serias y entrecerradas. Se muestra al artista que sobresalió por sus magistrales escenas marinas, de atardeceres impresionantes ("El Sol es Dios", dice poco antes de morir), pero que tiene un comportamiento casi primitivo con las mujeres. La película es toda una experiencia de ver, bella en toda su concepción, con una dirección fotográfica magistral y apabullante de Dick Pope. 

Se muestra a Turner con todas sus peculiaridades y excentricidades (¿Qué genio del arte no lo es?), como el hecho de verlo (un aspecto verídico) escupir en sus pinturas mientras pintaba, algo que puede verse asqueroso, pero que seguramente dotaba de algún efecto especial al resultado final de sus cuadros. O cómo cuando un hombre adinerado se ofrece a comprar un enorme lote de cuadros, Turner simplemente declina la oferta, por considerar sus pinturas como "patrimonio nacional" de Gran Bretaña. Pero también se muestra a un artista de extremos, capaz de atarse al mástil de un barco para experimentar de primera mano una auténtica tormenta, para verla, sentirla, y saber plasmarla en el lienzo.

No nada más la película trata del Turner artista, sino de aquel que tendrá una evolución emocional, en especial en su trato con las mujeres. Merece una mención especial el formidable trabajo que hace Dorothy Atkinson, interpretando a la sirvienta de Turner (un personaje ficticio), quien juega un papel casi cómico, de testigo silencioso de lo que ocurre en el hogar del artista, y que tiene incluso sentimientos por él, pero que este ignora. Turner simplemente opta por tratarla como un objeto.  La usa en algún momento para saciar su apetito sexual, mientras la mujer sufre de una enfermedad de la piel que va avanzando en la historia, pero que Turner parece no notar, o más bien decide ignorar. 

Leigh muestra a un hombre en eterno conflicto con su parte sexual y sentimental, de una complejidad psicológica difícil de descifrar, incluso para la mismo realizador. Trata de hacerlo con escenas entre cómicas y desconcertantes, como aquella del burdel, en donde Turner le pide a una prostituta posar para él en la cama, hasta que de pronto el pintor rompe en un llanto horripilante, inexplicablemente, mientras dibuja. O cuando parece no saber cómo reaccionar ante el fallecimiento de una de sus hijas, cuando su exesposa (Ruth Sheen) le da la noticia. Es el retrato del genio artístico que es un total misterio y enigma, en camino por reencontrarse con esa parte emocional, aparentemente petrificada,  dentro de él.

Marion Bailey, como la casera de Turner durante su retiro a Margate (alejándose de la fama y celebridad, para quizás encontrar el amor)  merece otra gran mención por su notable actuación. Al final, la  película no tiene mucho éxito en ayudarnos a entender a Turner como personaje y artista. Leigh no se arriesga mucho en profundizar más en la psiqué emocional del pintor, así como tampoco en entender por qué escogía los temas que pintaba. 


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