martes, 6 de mayo de 2014

THE MASTER * * 1/2

¡PREPÁRAME OTRO COCTEL! Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman.

The Master tiene una de las últimas y mejores actuaciones de Philip Seymour Hoffman (fallecido en febrero pasado), bajo la dirección de Paul Thomas Anderson. Irónicamente, estamos ante una de sus películas menos logradas. Es un pesado, tedioso, y al final, vacío relato, aparentemente inspirado en la vida del fundador de la cienciología, L. Ron Hubbard, a principios de los 1950. El reparto incluye a  Joaquin Phoenix, interpretando a un personaje alcohólico y con arranques de violencia. De ser un marino, Freddie (Phoenix) abandona el servicio y se convierte en un fotógrafo fallido. En su vagar por el mundo, se atraviesa en su camino Lancaster Dodd (Hoffman), una especie de gurú y terapista, que como líder de algo parecido a una secta, se dedica a divulgar la práctica del hipnotismo y regresiones a vidas pasadas, para curar enfermedades y padecimientos mentales. 

Joaquin Phoenix hace uso de esa cualidad que tiene para lucir disperso, como desconectado del mundo terrenal y encerrado en sus propios dramas. Paul Thomas Anderson explota bien esa cualidad. Lo malo, es que tanto Phoenix como Hoffman, ambos como siempre magníficos, están dentro de una historia que, simple y desafortunadamente, tiene poco o casi nada interesante que contar. El guión es flojo. No se toma mucho la molestia en explicar el por qué de esas extrañas, explosivas, y violentas reacciones que tiene el personaje de Phoenix. Freddie adopta el papel de "guardaespaldas" de Lancaster, cada vez que ve a su guía y mentor en una situación amenazante se lanzará como fiera encima de quien atente contra la integridad de su protector. Ni el mismo Hubbard sabe qué hacer en esos momentos, para controlar al que considera su "conejillo de indias" y, además, su bartender, ya que Freddie es genial preparando e improvisando cocteles. 

Freddie es como una bestia incontrolable, una fuerza animal inexplicable. Sin embargo, el más grave problema, es que esta película del también director de la mucho mejor There Will Be Blood (su anterior largometraje) es muy aburrida, con 3 cuartas partes de metraje invertidas en ver nada más terapias ridículas y absurdas. Y todo para que Freddie, al final, acabe igual o más perturbado y confundido que al principio. 


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