jueves, 1 de mayo de 2014

ONLY GOD FORGIVES * *

DE POCAS PALABRAS. Ryan Gosling como el silencioso y perturbado Julian.

El cine del danés Nicolas Winding Refn, es de una marcada tendencia de darle a historias característicamente pulp un tratamiento de cine de arte. Bronson y Drive -sus dos mejores películas-, son una clara muestra de ello. Pero algo ha pasado en Only God Forgives (la cual dedica a Alejandro Jodorowsky), en donde da un paso atrás y no queda a la altura de esos dos filmes. Para empezar, se siente como una suerte de secuela de Drive, trayendo de vuelta a Ryan Gosling (a quien parece estar en proceso de convertir en su actor fetiche), con un personaje que parece una calca del temerario conductor de autos que interpretó en aquella película. Es igualmente callado y silencioso, apenas y pronuncia unas cuantas lineas en toda la historia. Gosling es un buen actor, sabe cómo transmitir esa fría y nada emocional cualidad. Lo malo, es que el personaje resulta decepcionante, el propietario de un dojo de kick boxing en Bangkok, en donde además, se dedica a traficar drogas.

Desafortunadamente, el guión es plano, insípido, y sin mucha fuerza, con partes incluso aburridas. El reparto también tiene a una casi irreconocible Kristin Scott Thomas, con el look de una venenosa y muy atractiva mujer, madre del personaje de Gosling. Como si fuera una líder gangsteril, la mujer ordena a Julian (Gosling) que encuentre al asesino de su hermano y lo mate. Julian tiene ciertos problemas mentales, que nunca son explicados, pero sirven de pretexto para que Refn le de una cualidad onírica a la película, en esas alucinaciones que tiene el personaje de vez en cuando. Además, Julian gusta de pasar momentos "contemplativos" con una prostituta, sin tener contacto físico de ningún tipo con ella. 

Detrás de la investigación se encuentra el jefe de policía sanguinario, sádico, y sin escrúpulos, que no puede faltar en una historia de este tipo, Chang (Vithaya Pansringarm), de rostro pétreo y mirada fríamente aniquiladora. Chang no nada más es letal con el sable, sino que gusta de cantar canciones románticas en un centro nocturno, lo que da pretexto para escenas de un humor involuntario, que dan al filme un tono bizarro, ridículamente absurdo.

No hay duda que visualmente, la película es atractiva, muy lograda, especialmente en las atmósferas que consigue, gracias a la creativa y magnífica iluminación (excelente trabajo de Larry Smith). El diseño de arte, igualmente, es un trabajo rescatable. Refn presume de una estilizada dirección, usando muchos travelling shots, sólo que el final te deja rascándote la cabeza, sin entender pizca de que diablos está sucediendo. Sinceramente, para ser una especie de puesta al día de un filme de artes marciales, al más puro estilo 1980s y un tratamiento art house, al filme le faltó más acción, peleas y momentos emocionantes. 


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