miércoles, 17 de abril de 2013

TINKER TAILOR SOLDIER SPY * * * * *


SOSPECHOSOS COMUNES. Un traidor dentro de un equipo de espionaje
ha puesto en riesgo una importante misión. 

La novela de espionaje del prestigiado John le Carré, ya había sido adaptada en 1979 en la forma de miniserie televisiva, protagonizada por Alec Guinnes. Las riendas en la dirección en esta su primera adaptación al cine, sorpresivamente, no han sido asignadas a un británico, sino a un sueco, Tomas Alfredson (director de la original Let the Right One In). A pesar de todo, el filme se siente como dirigido por un realizador británico, además de demostrar una gran habilidad para conseguir una soberbia película  de espionaje . El logro de Alfredson va más allá de haberse sumergido plenamente en una historia de espías más británica que otra cosa, el cual es haber conseguido un filme de espias intrigante y lleno de suspenso,  con poca o nula acción genérica a lo Hollywood. 

El reparto es como un menú de lo más histriónicamente selecto del cine británico. A la cabeza está  John Hurt como Control, el jefe de un equipo de élite formado por Tobey Jones, Ciarán Hinds, Colin Firth y, el protagonista, Gary Oldman, a quien por fin se le hace justicia dándole un protagónico. Su actuación es otra muestra de su camaleónico talento. Oldman es George Smiley, agente que tendrá que investigar, más como deber moral que profesional, cuándo, cómo y dónde fue a infiltrarse un "topo" (o  espía infiltrado) dentro del equipo. Dicho traidor frustró una misión secreta, y causó que un agente (Mark Strong) cayera abatido en Budapest. Para Smyley todos son sospechosos.

Tinker Tailor... es la contraparte del cine de espionaje palomero a lo James Bond. Está más enfocada en un ritmo mesurado; en un enfoque y visión más artísticos. En ese sentido, el diseño de producción y dirección fotográfica son geniales, el primero cuidado al detalle y el segundo con una paleta y tratamiento cromático que dan a la película un look de cine de los 1970. Entre toda la galería de "sospechosos" comunes (cuyos nombres código son los que dan el largo título a la historia) acaba destacando Gary Oldman, en una actuación contenida y reservada pero fascinante. Sabe cómo esconder, detrás de su tranquilo e imperturbable rostro, una cascada de misterios y secretos. Ni la más mínima gota de whiskey podrá arrancar -o quizás sí, un poco- uno sólo de ellos.

Este juego de espías jugando a espiarse a sí mismos, en donde no hay lealtades sino un juego de sobrevivencia exquisito en la Guerra Fría, se mueve a contracorriente entre flash backs (constantes escenas de un baile y borrachera en una fiesta de Navidad muy reveladora) y uno que otro giro en la narración. La narración está un poco en la cuerda floja en cierto momento de la historia (tiene que ver con el personaje de Mark Strong), pero Alfredson rescata su fina soltura y coherencia. Tom Hardy demuestra que puede actuar en serio, en el papel secundario de un ex agente en pleno debate emocional. El desenlace está editado con habilidad, con un sólo objeto (un encendedor) uniendo todos los cabos sueltos en la historia.

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