lunes, 25 de marzo de 2013

THE TROUBLE WITH THE CURVE * * 1/2

CURVA EMOCIONAL. Amy Adams y Clint Eastwood como una hija y su padre
 reencontrando su pasión por el baseball. 

No es una gran película de baseball. The Trouble with the Curve (2012) trata sobre el duro proceso de   envejecimiento para un anciano gruñón experto en este deporte. Clint Eastwood brinda a esta no muy lograda película sobre el llamado "rey de los deportes" (no sé por qué, pero así le dicen) personalidad y dignidad, a pesar de que no estemos precisamente frente a su mejor actuación. Esa escena al inicio en el baño, con él orinando y hablándole a su... bueno, se puede imaginar a qué le está hablando, no le ayudó mucho, luego de su torrente de críticas por ponerse a regañar a una silla vacía durante durante una convención republicana. Eso, y el hecho de que buena parte de su actuación sean sus característicos  gruñidos, no le ha hecho ningún favor al legendario actor y realizador. 

Como cinéfilos, estamos más acostumbrados a ver a Clint actuar y dirigirse a sí mismo en sus propias películas. Fuera de eso, se encuentra en territorio minado y peligroso. Eastwood brinda peso emocional  a muchas escenas, en especial, aquellas junto a Amy Adams, quien interpreta a su hija, una exitosa abogada workaholic. A pesar de todo, esta película, dirigida por Robert Lorenz, queda a un paso y medio de los tres strickes y quedar out de lo más memorable del cine deportivo.

Clint interpreta a un anciano caza talentos de futuras promesas del baseball. Los signos de su avanzada edad (pérdida de la visión, posible glaucoma) le hacen cada vez más difícil su trabajo. Viviendo en mundos completamente separados, tanto él como su hija (quien, como siempre en estos casos, tiene traumas de su niñez) encuentran de nuevo la conexión perdida, cuando esta se encuentre de visita en su viejo pueblo. 

Hay dos problemas en este filme: no hay suficiente baseball para los aficionados y mantenerlos interesados, si exceptuamos un momento interesante en el que un chico indio, vendedor de cacahuates y con un brazo de oro para lanzar curvas, demuestra que tiene talento suficiente para ser estrella. Para los que no son aficionados en lo absoluto, el melodrama entre el padre y la hija no es lo suficientemente interesante ni fuerte, y luego, el romance en ciernes entre el personaje de Adams (una buena actuación, por cierto) y el de Justin Timberlake, quien interpreta a un ex jugador buscando convertirse en comentarista, es simplemente predecible.   

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