lunes, 5 de noviembre de 2012

NIGHT AT THE MUSEUM: BATTLE OF THE SMITHSONIAN * *




NO HAY ABURRIMIENTO EN ESTE MUSEO.
Ben Stiller y Amy Adams forman una frenética y acelerada pareja.
 
El único pretexto para producir esta secuela, tan inútil y tan mala, fue aumentar bestialmente la galería de personajes, así como los efectos especiales. En la primera Night at the Museum (2006), tal vez el presupuesto no les alcanzó para todo esto. En Night at the Museum: Battle of the Smithsonian (2009), según parece, tuvieron más presupuesto para dar vida a más piezas de museo, incluyendo ahora obras de arte. No nada más tenemos a las mismas figuras de cera de famosos personajes de la Historia, como Teddy Roosevelt (Robin Williams), Atila, Sacajawea, etc., sino que ahora, estándo la trama ambientada en el famoso Museo Smithsoniano de Washington, tenemos pinturas y esculturas animadas. Es decir, una experiencia museística interactiva más allá de toda proporción.

Ben Stiller vuelve a ponerse el uniforme de guardia de museo y a tomar su lámpara pórtatil, luego de una insatisfactoria carrera como manufacturador de inventos. El museo en dónde trabajó se encuentra en renovaciones, y el nuevo director (Ricky Gervais) ha instalado una tecnología que ofrece versiones digitales e interactivas de las antiguas piezas. Las viejas figuras de cera serán empaquetadas y llevadas a Washington. El problema, es que nuevamente la tableta egipcia ejercerá su poderosa magia, trayendo a la vida a un nuevo villano, Kahmunrah (Hank Azaria), quien tendrá secuestrados a los viejos amigos del exguardia Larry (Stiller). Además, Kahmunrah tiene planes de dominar al mundo, formando su pandilla con históricos malosos, como Al Capone (John Bernthal), Iván el Terrible (Christopher Guest) y Napoleón (Alain Chabat).

Aunque la película tiene algunas escenas con atractivos efectos especiales, con las pinturas y esculturas cobrando vida (que le dan además un pequeño sabor surrealista y algunos gags graciosos, como ver al "Pensador" de Rodin coquetear con una escultura femenina griega, o ver la famosa fotografía de "El Marino Besando a la Enfermera", de Alfred Eisenstaedt, transformarse en un "portal del tiempo" hacia 1945), en general, no es más que ver a Ben Stiller y a Amy Adams , quien hace una muy buena interpretación cómica de la famosa Amelia Earhart, correr frenéticamente de un lugar a otro. Los dos huyen, corren y recorren cada rincón del museo, sin oportunidad jamás de un decente desarrollo de personajes, o del mínimo desarrollo de una trama interesante.

Amy Adams está genial, dotando sus diálogos de una gran vivacidad y mucho slang de los años 1920-1930. Llega a haber cierta química entre Adams y Stiller durante estos cortos diálogos, aunque no la suficiente, ya que este último se queda siempre corto frente a ella. Hank Azaria está gracioso, Bill Hader tiene un vehículo de lucimiento en su histérica encarnación del general Custer; Owen Willson y Steve Coogan siguen tratando de funcionar como dupla cómica en sus personajes de vaquero y romano. Los demás personajes nada más están de relleno. En resumen, una caótica y desastroza película, todavía con la pretensión de ser una odisea didácticá y estrambótica, con un final decepcionante.



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