lunes, 25 de junio de 2012

MOBSTERS * * * *


Christian Slater y Patrick Dempsey interpretan a los célebres
mafiosos Lucky Luciano y Meyer Lansky.

Cualquiera podría decir desde el primer minuto que inicia Mobsters (1991): "¡Sacrilegio! ¡Quisieron copiar a The Godfather!" Tal vez tengan razón. Aunque para ser honestos, Michael Karbelnikoff (su primer largometraje, para luego caer en el olvido desde 1994), si bien tomó como principal referencia, de manera descarada, la obra maestra de Coppolla, al menos puede presumir de haberlo hecho bien, sin tantas pretensiones narrativas de por medio. El escenario es Nueva York, los 1910, en el barrio italiano que parece como sacado de The Godfather II. Un joven Vito Corleonne podría andar vagando por esas calles. En dicho barrio, pandillas de italianos se encuentran peleando con pandillas de judios. En resumen, es la historia de cómo Charlie "Lucky" Luciano (Christian Slater) y Meyer Lansky (Patrick Dempsey), el primero italiano, el segundo judío, se conocieron y, casi de la noche a la mañana, formaron una de las mancuernas mafiosas más célebres de los 1920 y 1930.

La producción y ambientación son de primera categoria. El reparto juvenil se completa con un par de actores ahora muy desaparecidos del panorama cinematográfico: Costas Mandylor, quien interpreta a Frank Costello, y Richard Grieco, como Bugsy Siegel. Los cuatro forman un grupo que tratará de entrar al tráfico de alcohol y las apuestas, con la nada realista ambición de permanecer independientes de los "dons" y capos más poderosos. Algo sumamente complicado, que les costará mucho llevar a cabo. Anthony Quinn encarna a un "padrino", más una caricatura de un capo italiano que otra cosa, el obeso glotón Don Giusseppe Masseria "Joe the Boss". En tanto, Michael Gambon es otro "padrino", Don Salvatore Franzano, en guerra con Don Giusseppe. Luciano jugará arriesgadamente con los dos bandos, con un pie adentro y otro afuera, sin sucumbir del todo al dominio de ambos jefes. Por su parte, Lansky deposita su lealtad en Arnold Rothstein (F. Murray Abraham), su mentor en el mundo de las apuestas y casinos.

Es cierto, la película de Karbelnikoff no es una obra maestra, ni siquiera intenta serlo. Pero es una magnífica película de gangsters. Se siente como un homenaje a verdaderas obras maestras del género, como The Godfather o, incluso, Once Upon a Time in America. Para quienes no la hayan visto, simplemente basta imaginar una cruza de ambas. Los protagonistas son jóvenes, pero totalmente eficientes y metidos en sus personajes. Christian Slater, con todo y su esforzado acento italo-americano, voz de garganta irritada y sus eternos manierismos copiados de Jack Nicholson, está estupendo, creíble, como el mafioso en ascenso. Patrick Dempsey es su contraparte, más tranquilo, de facha inocente, igualmente adecuado para interpretar al famoso Lansky. Es una película que no puede pasar desapercibida para los amantes del género gangsteril.  

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