martes, 4 de octubre de 2011

PIRATES OF THE CARIBBEAN: AT WORLD'S END * * * 1/2


El capitán Jack Sparrow es resucitado en "At World's End".


La franquicia empieza a mostrar signos de cansancio, o más bien, de falta de buenas ideas en At World’s End (2007). Aún así, continua siendo sumamente entretenida como las anteriores películas, cómica y sus escenas de acción emocionantes. Entre reproches por su estancamiento en el personaje, Johnny Depp vuelve a interpretar al borracho, balbuceante, de caminar inestable y ambiguo capitán Jack Sparrow. ¿Cómo es posible, si el capitán murió devorado por el Kraken en la segunda película? Pues Sparrow volverá del mundo de los muertos, por intervención de la magia de la bruja Tia Dalma (Naomi Harris), de quien descubriremos un par de secretos sobre su pasado. La relevancia de Tia Dalma es una de las contadas sorpresas en esta película.

El mundo de los muertos no podría ser más simple, sin nada interesante. Cuando vemos a Jack batallar con una plaga de cangrejos con cuerpos de piedra, nunca parece claro en dónde estamos, o qué está pasando. Johnny Depp se luce con algunas de sus características rutinas de humor físico, pero en general la escena de ese limbo en el que se encuentra no tiene pies ni cabeza. De un momento a otro, Jack se encuentra de vuelta con nuestros héroes en el mundo de los vivos. La clave es, literalmente, poner el barco de cabeza.

Viejos personajes hacen su reaparición, como Geoffrey Rush y su personaje del capitán Barbosa, mientras Davy Jones (Bill Nighy) sigue tras los pasos de Sparrow, en busca del cofre que contiene su corazón. Las nuevas adiciones son unos piratas de Singapur, encabezados por el capitán Sao Fen (Chow Yun Fat), en tanto que el pasivo villano, Beckett (Tom Hollander), sigue tan inexpresivo, frío y calculador como siempre. Esa reunión de los jefes piratas es divertida hacia su conclusión, en donde el Rolling Stone Keith Richards tiene una pequeña aparición como el padre de Sparrow. La película es de las más largas de la saga (2 hrs., 49 mins.) y hay instantes en que es algo agotadora, cosa que acaba compensada con la batalla naval final, en medio de un gigantesco remolino. 

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