martes, 4 de noviembre de 2008

LA MIRADA DEL OTRO * *

Hay una promesa que Begoña (la actriz italiana Laura Morante) jura que cumplirá al momento de retomar su diario: acostarse con todos los hombres que pueda, y tener la mayor cantidad de experiencias sexuales posible. Todo es parte de un instructivo, y por momentos, tormentoso trayecto, en el que la atractiva mujer iniciará un repaso por su vida sexual del pasado, al lado de su amante algo torpe y borracho, Elio (José Coronado), y para vivir nuevas experiencias con Daniel (Miguel Ángel García), un hombre mucho menor que ella, a quien apoda el “caballerito” o “mi perro guardián”.

La Mirada del Otro (1998), realizada por Vicente Aranda, es un melodrama erótico con tintes de thriller psicológico, aunque, infructuosamente, parece que pretende ser mucho más que eso. Para ser justos, la puesta en escena de Aranda es lograda, en el equilibrio que logra entre el artificio y los escenarios urbanos en los que ambienta la aventura sexual de su protagonista.

Es la época navideña y Begoña, doctora en Estadística y consultora en una empresa, intentará reencontrarse con su familia, a pesar de los enfrentamientos con su madre (María Jesús Valdés). Es evidente que, a los ojos de su madre, Begoña es la “oveja negra” de la familia.

Basada en la premiada novela de Fernando Delgado, la trama seguirá hasta el Año Nuevo y así, en adelante, la sexualidad de Begoña servirá de arranque para que inicie un estudio psicológico y existencial de sí misma, registrando todas sus reflexiones en un aparatejo japonés, capaz de traducir los pensamientos en palabras escritas, visible en una gran pantalla.

El filme apenas y tiene poco más que contar, incluyendo las funestas consecuencias físicas que tendrá el comportamiento de la ninfómana Begoña. Los graves problemas de la película de Aranda, no radican en su realización técnica, y aquí es oportuno mencionar la buena fotografía de Flavio M. LaBiano, y la interesante banda sonora de José Nieto, sino a lo poco creíble de su personaje: una mujer de aire intelectual que no resulta creíble, debido a sus pobres bases dramáticas. En ese aspecto, al asunto se le perciben aires poéticos pretenciosos, sin que a la mujer se le pueda creer nunca lo que profesa: entender el amor a partir del sexo desenfrenado.

Morante y el resto del reparto dan lo mejor para sacar adelante sus personajes. A lo que se enfrentan los histriones, es a un guión con una propuesta interesante pero malograda, debido también a ese intento de darle al filme un toque de ciencia ficción poco congruente y que nunca encaja del todo con la trama.

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