sábado, 3 de marzo de 2007

THE NAMESAKE * * * *

Tabu e Irrfan Khan

En The Namesake (2006) la realizadora hindú Mira Nair (Kama Sutra, Salaam Bombay) sigue fiel a los temas acostumbrados en su filmografía: la fuerza del núcleo familiar, el apego a las tradiciones, y especialmente el folclor, el baile y la música. The Namesake es un sólido melodrama sobre la inmigración, que a pesar de su muy convencional historia y estructura, sorprende por su gran capacidad para conmover a través de la autenticidad de sus personajes y conflictos.

Narrada a través de un hábil uso de enormes elipsis, el filme tiene como eje narrativo el nombre con el que se bautiza al primogénito de la familia bengalí Ganguli. El paterfamilias, Ashoke (Irrfan Khan), un intelectual y maestro de literatura, se lleva a su guapa esposa, Ashima (Tabu) a vivir, a finales de los 1970, a Estados Unidos, para tratar de alcanzar el sueño americano.

Admirador del escritor ruso Nicolai Gogol, Ashoke tendrá la ocurrencia de bautizar a su hijo, temporalmente, con el apellido de su admirado escritor, el cual se encontraba leyendo durante un accidente mientras viajaba en tren. La película es una agradable y entretenida odisea intergeneracional, acerca de la sobrevivencia en un país lejano, en una tierra extraña, en un continente al otro lado del mundo.

Ashima es una talentosa cantante, sobre la que pesan los recuerdos y las fuertes tradiciones de su país. La vida junto a su americanizado marido (él ha vivido y trabajado en E.U. bastante tiempo) no será fácil. Ambos sufrirán, llorarán, reirán, tendrán momentos de alegría familiar con el paso de los años, e incluso alcanzarán una vida próspera y acomodada, hasta que tienen que enfrentar la tarea más dura, tratar de inculcar su cultura y costumbres a su par de hijos adolescentes, Gogol (Kal Penn) y Sonia (Sahira Nair), quienes nacieron en América, no hablan jota de bengalí, ni conocen el país de sus padres.

La película es una adaptación de la novela de Jhumpa Lahiri. Mira Nair evita, muy inteligentemente,  que su filme caiga en el melodramón lacrimógeno, sin que por ello esté despojado de sensibilidad, humor, de un ligero toque de fábula, así como de un elegante y particular encanto, reforzado con el impecable desempeño de los actores.

El mensaje es sencillo: El peso de las tradiciones y la nostalgia por el terruño no pueden dejarse a un lado. Son fuertes, nunca abandonan al inmigrante que ha dejado su país lejos, sin dejar de reconocer los momentos felices vividos en el país adoptivo. Además, son dolorosas las consecuencias que tiene el aceptar demasiado tarde el amor de los padres, tal y como es, con todos sus caprichos, defectos y virtudes.

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