viernes, 10 de marzo de 2017

FLORENCE FOSTER JENKINS * * * *


Meryl Streep y Hugh Grant.
Es irónico decirlo, pero la actuación de Meryl Streep en "Florence Foster Jenkins" no tiene una sola "nota falsa". Irónico, si consideramos que en este filme encarna a la que fue, con seguridad, la peor cantante en la historia de la música. Stephen Frears consigue un filme que funciona muy bien no nada más como una comedia, sino como una conmovedora y tragicómica historia de amor. Mientras, nosotros como espectadores no sabemos si reír o llorar. Florence, una millonaria aficionada a la música, pone a prueba a su audiencia, al someterlos a escuchar sus "melodiosos falsettos" en la forma de berridos y chillidos (es un reto escuchar su interpretación del aria de La Reina de la Noche de "La "Flauta Mágica", de Mozart). El público podía ser sumamente cruel, y no dudaba en reír a carcajadas desde sus asientos. Pero es Hugh Grant, interpretando a su marido sin mucho oficio ni beneficio, quien muestra el lado dramático del relato. No nada más era el verdadero orquestador de estos circos (acarreaba audiencias con pagos de por medio), sino que hacia hasta lo imposible por deshacerse de los periódicos que publicaban malas críticas de los recitales. Pero tiene una razón muy especial, y cuando nos enteramos de la misma no tenemos más remedio que simpatizar con él y tocarnos el corazón. Ah, y también con su pianista de cabecera (Simon "The Big Bang Theory" Helberg), quien, poco a poco, acaba construyendo un peculiar lazo de amistad con Jenkins. Parece increíble, pero el único disco que Jenkins grabó vendió miles de copias, e incluso llegó a cantar en el Carneguie Hall. Frears entrega un buen filme de época, con diseños de producción y vestuario maravillosos, así como una gran actuación de Streep (le arrebataron el Oscar, lástima). A cubrirse los oídos.

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